Si bien la línea del "behavioral economics" parece capaz de dar respuesta a varias anomalías del mercado, lo hace al costo de restringir la definición de "mercado" (en estos comentarios seguimos la línea de Fama, definiéndolo como el universo de todos participantes y los bienes de inversión transables) generando, además, nuevos cuestionamientos sin presentar una teoría unificadora (Hussam, Porter y Vernon, 2008). Una línea alternativa a esta y al pensamiento neoclásico (de equilibrios) es la que considera al mercado como un sistema adaptativo, complejo y no lineal (Blume y Durlaf, Kirman, 2005) o como resumió Axel Leijonhufvud (proto-padre de las expectativas racionales): gente simple enfrentado situaciones increíblemente complejas. La volatilidad del mercado o los "cisnes negros" no obedecerían entonces sólo a los "espíritus animales" de Akerlof y Schiller (2009), sino a la naturaleza aleatoria de un sistema complejo (que podría incluir componentes sico/sociológicos) y cambiante. Lo que es más, esta volatilidad reflejaría la efectividad de este sistema no equilibrable de innovaciones, distribuyendo de manera eficiente los recursos. Esto haría al mercado superior a cualquier sistema controlado o comandado (mercados regulados) y si se quiere desde un punto de vista evolutivo: bueno (Beinhocker 2006). Bajo esta óptica las sanciones informales descentralizadas (morales) son mucho más efectivas que las legales o burocráticas, ya que dependiendo de las circunstancias los seres humanos somos egoístas o altruistas (Gnezzy 2005). El rol del Estado debiera entonces restringirse a crear un marco que fomente el trabajo evolutivo del mercado (Gintis 2006). Seguimos mañana. Arrancando una semana cargada de datos económicos el Dow retrocedió ayer un 0,24% a 15.521,97 puntos.
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