17 de octubre 2011 - 13:58

Moreno acuerda, dice que se va (pero amenaza seguir controlando)

• El secretario quiere cerrar hoy pacto con cámaras editoriales de libros.
• Promete fiscalizar que se cumpla

Guillermo Moreno
Guillermo Moreno
Guillermo Moreno, en sus habituales charlas de convencimiento a diferentes sectores de la economía local para que acepten sus políticas activas, está dejando en las últimas semanas un mensaje claro: aunque no siga en el próximo Gobierno al frente de la Secretaría de Comercio Interior, los acuerdos que firmen tendrán plena vigencia y él mismo continuará fiscalizando su cumplimiento.

Así se lo hizo saber, por ejemplo, a los integrantes de la Cámara Argentina del Libro (CAL), la Cámara Argentina de Publicaciones (CAP) y a otros industriales del sector editorial, que hoy fueron citados a las 17.30 al despacho de Moreno para firmar el acta acuerdo por la cual la Secretaría de Comercio controlará las nuevas reglas para el sector. Las editoriales de libros se comprometerán a aumentar su producción interna en los próximos meses y equilibrar su balanza comercial deficitaria. Si esto no ocurre, y aunque Moreno ya no esté en el sillón, igual comenzarán las sanciones, y ya no habrá casi posibilidad de importar libros y todo tipo de productos de imprenta, incluyendo los de oficina, publicidad, papeleras, etiquetas, etcétera.

En este encuentro, Moreno y las cámaras firmarán el acuerdo de Mecanismos de Compensación entre importaciones y exportaciones, con el que la brecha negativa de aproximadamente u$s 300 millones anuales deberá reducirse paulatinamente hasta llegar al equilibrio. A diferencia de otros sectores, no presionará Moreno para que exporten otro tipo de productos como maníes, fideos, pomelos, vinos, biodiésel, cuero, arroz, etcétera. Reconoce Moreno, en un acto de apertura ideológica, que las editoriales que publican libros responden a lógicas empresariales a las que les cuesta encontrar otros rubros para compensar desequilibrios comerciales. A partir de allí, Moreno los autorizaría a no equilibrar automáticamente, sino a establecer un programa de reducción del déficit.

Pero si esto no ocurre, y aunque en el segundo semestre de 2012 ya no estaría en el sillón (según sus propias palabras ante dirigentes de la UIA hace un mes), igual serán muy severamente sancionados por no cumplir el pacto. El castigo no será volver a trabar importaciones sin mayores explicaciones. Sabe Moreno que aplicar medidas como éstas no tiene el mismo efecto en la sociedad cultural que trabar importaciones de otros productos de consumo. El mensaje morenista es que si persiste en el futuro el desequilibro, desempolvará una resolución (la 453/2010) de su secretaría, por la cual el Gobierno puede controlar el ingreso de productos editoriales a partir del tipo y la cantidad de tinta que utilicen. A través del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), Moreno podría trabar en la Aduana aduciendo controles y fiscalizaciones de tintas y sus contenidos de plomo, a toda la industria editorial, y sólo con firmas de funcionarios competentes, los productos podrían ser eventualmente liberados en tiempo y forma.

En el listado de futuros controles figuran los libros, placas, láminas, bolsas de etileno, cajas de papel y cartón, sobres, papel para regalos, papel para decorar, revestimientos para paredes, sobres de cartas y tarjetas, cuadernos e impresos, cartonajes de oficina y tiendas, calcomanías, calendarios e impresos publicitarios y catálogos comerciales, entre otros. En todos estos casos, Moreno o su sucesor podrían controlar y abrir o mantener las trabas a su ingreso, sin temer las polémicas por la prohibición. En teoría, la Secretaría de Comercio estaría cumpliendo una norma sobre el contenido de tintas, barnices, lacas y pinturas para impresión.

Las negociaciones, como casi siempre que interviene Moreno, fueron con las cámaras de editores algo bizarras. En un momento, en medio de una discusión sobre la importación de libros y las posibilidades cercanas de equilibrar la producción local con las importaciones, Moreno lanzó una de sus máximas. Invitó a las cámaras a comprar calzoncillos de La Salada y exportarlos a Europa para equilibrar la balanza comercial sectorial.

Finalmente, como en general suele suceder, las negociaciones entre el funcionario y los empresarios terminan en un acuerdo, luego de un período más o menos largo de rigor y trabas al ingreso de los productos al mercado interno. Hoy se cerrará el de las editoriales y luego se presentará en sociedad. Podría ser el último aporte de Moreno antes de las elecciones del próximo domingo. La promesa del funcionario es que finalmente la semana que viene, los libros importados comiencen a circular nuevamente. A cambio, la industria comenzará a bucear las posibilidades ciertas de incrementar la producción local de libros. En unos seis meses, Moreno, a la distancia, fiscalizará que las cámaras del rubro cumplan con su palabra.

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