Morocha ambiciosa, pero buena bailarina

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«Morocha Argentina». Libro y Dir.: O. Calicchio. Int.: L. Fidalgo, M. Brandan, M. Bustos y elenco. Mús.: M. BianCoreog.: V. Pecollo. Esc.: D. Feijoo. Vest.: J.L. Ferrando. (Teatro Broad 

La creciente «tinellización» del género musical, apoyada básicamente en el alcance mediático de los concursos de talentos, hizo posible que artistas de reconocidas aptitudes -hasta ahora ignorados por el gran público- hoy estén encabezando su propia compañía en mérito a su fama televisiva antes que por su background artístico.

Así lo reconoce la propia Laura Fidalgo en el monólogo final de «Morocha Argentina», donde hace un repaso de su carrera (trabajó con Tato Bores, Enrique Pinti, Ricky Pashkus y otros) para luego agradecerle a Marcelo Tinelli su reciente popularidad tras su paso por «Bailando por un sueño», primero como concursante y luego como jurado.

Fidalgo explota al máximo este antecedente. Al igual que en un reality intenta mostrarse sincera y apasionada y -sobre todo- merecedora del cariño y reconocimiento de su público. Entre recuerdos de barrio y el nacimiento de una vocación que superó todo tipo de obstáculos (desde una pérfida profesora de danza que le aconsejó de dedicarse a otra cosa, por ser «demasiado alta» hasta las zancadillas que debió sortear desde que debutó en el Maipo como primera vedette), la bailarina se ríe de sí misma (por hiperkinética, ansiosa y obsesiva) mientras hace campaña para convertirse en un nuevo ícono del espectáculo porteño. Para realzar este efecto, recurre entre otros atuendos a una bata de lentejuelas con los colores patrios, mientras sus bailarines lucen camisetas de la selección argentina.

A Fidalgo no le falta carisma, pero eso no basta para llevar adelante los cuadros de humor que comparte con Miguel Brandan (su ex «soñador»). La esbelta bailarina abusa del gesto aniñado y tiende a sobreactuar sus réplicas. En cambio, resulta más convincente cuando apuesta a un humor más físico y payasesco (por ejemplo, disfrazada de vedette obesa).

«Morocha Argentina» es un show ambicioso, algo excedido en sus dos horas de duración, pero con buenos números coreográficos y el valioso aporte de Martín Bustos (ganador de la primera temporada de «Talento Argentino»). Con su personaje de pastor mediático brasileño, el cómico logra un fuerte impacto en la platea; también cuando analiza la letra de varios tangos o en su desopilante interpretación de un monologuista muy tonto.

El espectáculo ganaría en amenidad y contundencia si se le aplicaran varios cortes, tanto en los skecth que protagoniza Fidalgo como en las apariciones del grupo Abbamannia.

Pese a estas objeciones, «Morocha Argentina» es un espectáculo hecho con profesionalismo y que no escatima esfuerzos en su afán de entretener al público.

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