Movimientos de izquierda se unen ya para la “resistencia”

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• DESCUENTAN UN AJUSTE MAYOR Y RETROCESOS EN ABORTO, MATRIMONIO IGUALITARIO Y LAICISMO

Madrid - La magnitud de la victoria conservadora en España ha puesto a la defensiva a la izquierda, que se plantea una pelea «en las calles» ante la hipótesis de una avanzada de Mariano Rajoy sobre una agenda de derechos que consideraba saldada.

Un dato del escrutinio marca hasta dónde quedó arrinconado ese sector político. Las elecciones municipales de mayo pasado sólo habían dejado cuatro localidades del conurbano de Madrid fuera del ámbito del Partido Popular: Parla y Fuenlabrada para el PSOE, y Rivas Vaciamadrid y San Fernando de Henares para Izquierda Unida (IU). La victoria de Rajoy del domingo no perdonó ni siquiera esos lunares rojos en el mar azul.

Sin embargo, no sólo los partidos tratan de acomodarse a lo que podría ser un largo período conservador. España ha desarrollado en las últimas tres décadas una amplia red de organizaciones sociales, un fenómeno que alcanzó otra dimensión en los últimos meses de crisis acelerada.

Rivas Vaciamadrid, ubicada al sudeste de la capital, pasó de ser un pueblo pequeño a tener 100.000 habitantes en treinta años, y es el ayuntamiento más poblado de los que gobierna IU en el país. La localidad exhibe particularidades, como que fue la primera en rendir, en 2004, un homenaje institucional a las víctimas republicanas con pedido de justicia, lo que atizó el debate que derivaría en la ley de Memoria Histórica sancionada por José Luis Rodríguez Zapatero.

En otra avanzada, el ayuntamiento de Rivas creó una oficina pública de apostasía, que atiende a aquellos que quieren renunciar a la fe católica y desandar el bautismo. «El laicismo y los derechos civiles son amenazados por una fuerte prédica del nacional catolicismo», argumenta a Ámbito Financiero el alcalde de la localidad, José Masa. Su gestión es reconocida incluso por opositores en un aspecto menos divisivo para los españoles: logró limitar la fatídica especulación inmobiliaria que había transformado a España en un consumidor de cemento más importante que la suma de Francia y Alemania.

El jefe comunal ensaya una autocrítica sobre por qué «hay una corriente que está tiñendo de derecha a la sociedad española». Si bien IU duplicó sus votos nacionales con respecto a 2008, rozando el 7%, Masa admite que no es un resultado extraordinario de cara a la presente crisis. «Los partidos somos muy esquemáticos a la hora de hacer un discurso abierto, sin exclusiones. Las opciones de izquierdas son aquellas que defienden lo público, el reequilibrio social, los derechos civiles, pero muchas veces las propuestas políticas son percibidas como agarradas a discursos antiguos».

El alcalde percibe que Rodríguez Zapatero ayudó a diluir la identidad de una propuesta diferente a la del PP: «Tras unos primeros pasos que significaron aire fresco, la voluntad del votante ha sido traicionada por una conversión al neoliberalismo» del jefe de Gobierno socialista.

La corriente de rebeldía que se respira en las protestas de Madrid no parece tener cauce en los sindicatos, bastante desdibujados. A las dos principales centrales, Comisiones Obreras (excomunista) y Unión General de Trabajadores (UGT, socialista), la foto de la crisis las tomó junto a Zapatero.

Carlos Jiménez Romera, integrante de la asamblea del 15-M en Alcalá de Henares (los «indignados»), otra localidad de las afueras de Madrid, manifiesta cierta decepción. «Todo el mundo estaba esperando que el 15-M produjera una catarsis que se reflejara en las elecciones. De nuestra parte, esperamos algo de los partidos políticos. Del PSOE, lo que hubo ha sido mutismo, e Izquierda Unida ha hecho un esfuerzo loable pero sus propias limitaciones no la han dejado. No deja de ser una coalición marginal, con personas que a duras penas mantienen la unidad. Los partidos en España son muy sectarios».

El asambleísta, empleado autónomo, ya anuncia coordinación con otros movimientos para resistir los ajustes prenunciados por la victoria de Rajoy.

Desde otra vertiente, Curro González, integrante del área de libertades sexuales de IU, aborda otro plano de preocupación: «Evidentemente, el Partido Popular ha jugado, en el caso del matrimonio igualitario, con una ambigüedad notable. Hay un recurso de inconstitucionalidad interpuesto por el PP en 2005 sobre el que no se ha pronunciado el Tribunal Constitucional, lo cual es de por sí grave». «No está claro si Rajoy va a proponer una reforma legislativa o si por la puerta de atrás va a ir por la inconstitucionalidad. Rajoy ha decidido hacer de su partido el brazo político de la homofobia, por lo que muchos ven sus derechos civiles pendiendo de un hilo. La batalla habrá que darla en las calles».

El electo presidente del Gobierno ha sido claro en cuanto al aborto. Va a derogar la ley sancionada por el Gobierno de Zapatero, que otorga a las adolescentes la posibilidad de interrumpir el embarazo sin el consentimiento de sus padres.

* Enviado Especial a España

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