Menos de 980 millones de papeles negociados en el NYSE. Lo suficiente como para decir que lo que haya ocurrido ayer y lo que vaya a suceder en las próximas dos ruedas y media (el jueves es feriado y el viernes sólo se opera durante la mañana), debe ser tomado con pinzas. Es que en un mercado desolado, en el que sólo quedan unos pocos inversores profesionales es muy fácil que cualquier movimiento (a la suba o a la baja) se exacerbe. Recién con esto en mente podemos pasar a analizar el 1,29% que gano el Dow al cerrar en 10.450,95 puntos, que los más eufóricos llegaron a calificar de robusta ganancia o cosas parecidas. Es cierto que en el frente informativo las novedades daban más para la suba que para la baja. En primer lugar las declaraciones del presidente de la Fed de Filadelfia, afirmando que el organismo seguiría comprando títulos con respaldo hipotecario más allá del primer trimestre de 2010 (cuando vence el plan que está vigente) y luego las de la Fed de Chicago diciendo que las tasas en torno del cero por ciento podrían seguir hasta entrado 2011. Estrictamente las noticias no son buenas porque implican que la economía seguirá sin recuperarse por lo menos hasta julio/diciembre del año que viene, pero al mismo tiempo garantiza que tendremos hasta entonces tasas bajas y un comprador de última instancia para una gran variedad de papeles. En la medida que esta política retrasa la suba de tasas respecto de lo que está implementando el Banco Central Europeo, el dólar simplemente se desplomó un 0,7% desencadenando la serie de ajustes a la que estamos cada día más habituados: los commodities treparon el 0,3% en promedio, el oro un 1,6% marcando un nuevo récord y el petróleo un más modesto 0,12% ratificando nuevamente la visión estanflacionaria que tiene el mercado.
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