• LOS VALORES PARTEN DESDE $ 20.000, PERO LLEGAN A VALER TANTO COMO UN AUTO 0KM EQUIPADO. Las casas funerarias cobran un servicio promedio de $100.000. Aquellos que elijan un cementerio privado invierten otros $140.000.
Si está pensando en morirse con honores, o no tiene la suerte de decidirlo y será víctima de una enfermedad terminal o de un impiadoso colectivo interurbano en cualquier arteria de Buenos Aires pero igual aspira a un funeral a todo trapo, deberá empezar a ahorrar desde ahora, porque su sueño eterno le costará a los mortales que quedan de este lado del mundo unos $450.000, algo así como un modelo 0 KM de los más equipados de cualquier marca generalista. Un Corolla, un Focus, un Vento, pongamos.
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"Luz, gas, carne, nafta... con tantos aumentos no se puede vivir", se escucha decir a un señor, bolsa no reciclable en mano, en una de las tantas Ferias de la Ciudad. Pero los aumentos también están llevando a que tampoco sean tiempos como para morirse porque sí. Si bien hay opciones gratis (y de escaso decoro), hay que tener en cuenta que un servicio fúnebre sencillito en cualquier casa funeraria de la zona sur de Capital Federal ronda los $20 mil, con tierra (Flores o Chacarita) o cremación en urna de baja calidad para su descanso definitivo. El servicio viene pelado: la sala, el termo de café, un coche para el cajón al momento de trasladar los restos y otro para llevar familiares o seres quizás queridos, como se suele decir. Un bouquet económico para irse con una flor, al menos, está $800. Y si se la va a jugar con una cruz para ganar puntos en su camino al cielo, calcule $1.500 más. ¿Jubilado? El PAMI le reintegrará $6.000 al familiar que cumpla un trámite burocrático. Un cheque inmaculado, pero para cobrar tres meses después.
Esto, claro, es una muerte medio pelo. No es la gratis, donde sus familiares deberán ir a sórdidas oficinas de Desarrollo Social. Pero aún resta un abismo para partir con gloria.
El servicio que ronda el millón de pesos es excepcional. Son pocos los empresarios que se lo dejan pago y pocos los descendientes que quieren pagarlo. Total... para qué, pensarán, mezquinos. Pero, analice: es muy difícil no reposar en paz en un cajón de cedro y roble, de buen espesor, con tapizados internos de nivel premium y herrajes artesanales. Si es creyente, hasta puede pedir que tenga la imagen de Cristo del lado de adentro para tener cerca su presencia cuando se cierran las bisagras (éstos no tienen tapa). Un cajón de este tipo, los llamados presidenciales, puede superar los $300 mil.
Una casa de nivel, de Recoleta o Barrio Norte, puede ser más económica a medida que se comienza a ahorrar en cajón fúnebre, pero el servicio se mantiene. El ágape incluye capilla ardiente con cirios naturales, atriles para las coronas, ambulancia con camilleros no impresionables para retirar su cuerpo -donde haya que ir a buscarlo-, azafatas para servir a quienes vayan a llorarlo, un completo servicio de cafetería, lacayo permanente, autos de alta gama para acompañantes y para trasladar el féretro, entre un sinfín de ítems con los que no vale la pena aburrirlo.
En este tipo de casas de servicios ejecutivos, con televisores última generación, muebles de nivel, cómodos sillones y café italiano, el plan más habitual es el que está $110 mil, con esos mismos servicios y un cajón también suntuoso, con el que igual se lucirá en su momento final. Los precios pueden ir bajando hasta los $60 mil. Entre Barrio Norte y el sur, en zonas medias, de una clase media alta, una casa velatoria le cobrará a partir de $40 mil y luego le pedirán un extra para llevarlo a tierra ($3.800) o nicho ($5.800) de la Chacarita.
Pero hay que hacer referencia a la terrible inequidad de aquel que puede ir a un cementerio privado y aquel que cae en un cementerio público. En los primeros tendrá una ventaja: si planifica como el hombre serio y previsor que lo ha caracterizado durante su plenitud, puede conseguir un ahorro de hasta $50 mil. Es fácil de entender: una parcela en un lindo sector, de acceso fácil y vistoso, de un cementerio privado de los más conocidos está $140 mil. Pero si llega y dice: "Disculpe, pero yo lo quiero comprar hoy, pero para morirme en 2018, porque así lo tengo pensado", le cobrarán $90 mil por ese mismo lugar. Ahora, si lo sorprende un piano que cae de un balcón dentro de los seis meses siguientes, alguien deberá hacerse cargo de la diferencia si pretende que allí lo dejen, bajo el cantar de pájaros bien educados. En este escenario, si está al límite en la cuenta corriente, con la tarjeta muy cargada o prefiere destinar sus últimos ahorros a bienes mundanos, esté atento: suele haber promociones de parcelas que necesitan ser vendidas donde puede llegar a ahorrar más que si compra un televisor, el iPhone y zapatillas en un shopping de Chile. Los costos de mantenimiento no son caros: $7.000 al año de los que perfectamente se pueden hacer cargo sus hijos. En esto no hay tanta diferencia con un cementerio público, donde hay un cargo de cerca de $1.000 anuales pero deberá dejarle por mes una propina a un cuidador de por lo menos $200 mensuales si quiere que mantengan cierto orden y limpieza.
Por supuesto, hay planes de pago muy interesantes y precios mejores y peores de acuerdo con el sector. Vale aclarar: las bóvedas son consideradas en este artículo como un negocio de real estate, y no entran en consideración, ya que aquí prima lo sentimental.
Otra cosa que debe tener en cuenta: un velatorio sin flores da cuenta de una persona poco querida. Adelántese: que quien llegue vea al menos una corona. Las hay de diferentes precios: desde unas de dudoso gusto de $2.000, diseñadas para la muerte medio pelo, hasta las que usted merece, a las que apenas debe agregarle un cero.
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