8 de julio 2011 - 00:00

Murdoch no logra comprar prestigio con sus u$s 6.500 M

Murdoch no logra comprar prestigio con sus u$s 6.500 M
El cierre de News of The World, conocido en el mundo anglohablante como NOW (ahora) por sus iniciales, podría leerse como un nuevo intento de Rupert Murdoch por obtener a sus 80 años recién cumplidos la respetabilidad que su apego al sensacionalismo le negó durante toda su vida.

En esta intención -que ya viene persiguiendo desde hace casi una década- se enmarcaron las compras del londinense The Times

-quizás uno de los diarios más prestigiosos y tradicionales del mundo- y del neoyorquino The Wall Street Journal, el diario de negocios por excelencia.

Ambos negocios fueron adquiridos con el dinero generado por el periodismo amarillo que encabezan NOW, The Sun (Londres) y el New York Post. El Sun -que aparece de lunes a sábado, y es reemplazado los domingos por el NOW- es de lejos el diario más vendido de Europa, y el décimo más vendido del planeta, a favor de una fórmula que Murdoch no inventó, pero que perfeccionó: sangre, escándalos, sexo y mujeres desnudas. Curiosamente, un tercio de sus lectores son de las clases más acomodadas del Reino Unido.

Este magnate de los medios que ni Orson Welles habría osado imaginar es el inventor de News Corp., que hoy es el segundo grupo de medios del mundo (sólo superado por The Walt Disney Corp.), generado a partir de un pequeño diario australiano que heredó de su padre cuando tenía 22 años (una edad parecida a la que tenía el «Ciudadano» Charles Foster Kane de Welles).

Murdoch nació en Melbourne en marzo de 1931, y en 1952 -mientras estudiaba en Oxford- debió regresar a Australia: su padre había muerto y él se convertiría en el director de un grupo de pequeñas, pero rentables, publicaciones en su país. Su visión y -según sus enemigos- su falta de escrúpulos hicieron de ese modesto trampolín la lanzadera desde la que saltó primero al Reino Unido, luego a Estados Unidos y más tarde al mundo, incluyendo América Latina.

Fortuna

Su fortuna personal es de cerca de u$s 6.500 millones, una cifra que podría ser considerablemente mayor por razones que -de no ser él quién es- los diarios sensacionalistas como los suyos habrían explotado durante años.

Es que su divorcio en 1998 de Anna Torv -a quien conoció como pasante de su diario de Sídney, The Daily Telegraph- lo obligó a desembolsar u$s 1.200 millones de esa época. Antes de casarse con Torv se había separado de la exazafata Patricia Booker; una semana después de terminar con Torv se unió a Wendi Deng, 40 años más joven que él, con la que sigue casado.

En 1985 hizo lo que posiblemente haya sido su movida más audaz: la creación de una cuarta cadena de TV abierta en Estados Unidos, con la intención de competir con las establecidas desde décadas atrás CBS, NBC y ABC. Para eso compró estaciones locales en las principales ciudades del país (entre ellas la WNEW, el Canal 5 de Nueva York), por las que pagó casi u$s 1.600 millones. El canal apostó a seguir la misma línea que sus publicaciones; la nave insignia de su programación fue la sitcom «Married with children» (Casado con hijos), una comedia inédita por la crudeza de sus situaciones y su tratamiento desenfadado del sexo. Lo que hoy puede sonar casi inocente fue una verdadera revolución en la pacata TV estadounidense. Otras series como «24» asentaron su ubicación como la tercera (y a veces la segunda) cadena más vista de EE.UU., superando a ABC y a NBC.

Como suele suceder en el mundo, el populismo va acompañado de una línea política conservadora. Su canal de noticias, Fox News, siempre se alineó con el expresidente George W. Bush y es hoy el más duro crítico de Barack Obama.

Su incursión en la Argentina fue breve y fracasada: su empresa de TV satelital SkyTV -que en Europa es líder- intentó en vano competir con DirecTV y los cables locales. En México y en Brasil le fue bien; aquí abandonó antenas, decodificadores y usuarios sin siquiera avisar que se iba del país.

Seguramente el episodio que marca con mayor crudeza su forma de ver el periodismo es el de Azaria Chamberlain, una nena de dos meses que desapareció en un camping del desierto australiano. Su madre, Lindy Chamberlain, aseguró que se la había comido un «dingo» (tipo de perro salvaje local), pero la Justicia la condenó por el supuesto asesinato de su hija, pese a que nunca apareció el cadáver.

Murdoch logró que se televisara el juicio y sus diarios se ensañaron con Chamberlain -esposa de un pastor evangelista- en uno de los procesos más influenciados por los medios que se recuerde. Años después, la Justicia liberó a la mujer cuando se encontró el saco de la nena en una zona dominada por los «dingos». Los medios de Murdoch, por supuesto, se alinearon de inmediato con la madre...

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