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Murió ayer la gran soprano wagneriana Hildegard Behrens
Hildegard Behrens: en 1995 había debutado en el recordado Teatro Colón de Buenos Aires con «Elektra» de Richard Strauss.
Behrens murió de un aneurisma cardíaco en un hospital de Tokio, explicó una responsable del festival internacional musical de verano de Kusatsu, donde debía actuar hoy. Había sido hospitalizada tras sentirse indispuesta. Poco después de su llegada el domingo a Japón, la cantante dijo que «no se sentía bien porque tenía la tensión demasiado baja», declaró una portavoz del festival, Miyuki Takebayashi. «Fue trasladada inmediatamente en ambulancia al hospital». Su hijo y manager Philip Behrens y su hija Sara llegaron poco después a Tokio y acudieron inmediatamente al hospital donde la soprano falleció mientras estaba siendo operada, aclaró Takebayashi. Será incinerada en Tokio el jueves y sus cenizas llevadas al festival donde debía cantar. Se dará un concierto en su honor.
Nacida en Varel, cerca de Oldemburgo, en el norte de Alemania, Hildegard Behrens aprendió de niña a tocar el piano y el violín y luego siguió estudiando música al tiempo que cursaba Derecho. Debutó en 1971 y algunos años después Herbert von Karajan se fijó en ella y la invitó al festival de Salzburgo en 1977, donde se hizo famosa. Durante su larga trayectoria recibió numerosas recompensas por su trabajo, tanto en Alemania como en Austria. En 1997 fue nombrada «cantante del año» por la revista «Die Opernwelt», especializada en el género lírico.
Behrens actuó en los principales teatros del mundo, incluyendo sus presentaciones en el festival de Bayreuth, el Metropolitan Opera House y el Covent Garden de Londres. El recordado Teatro Colón la conoció en 1995, cuando debutó en la inolvidable versión de «Elektra», de Richard Strauss, junto con Leonie Rysanek, y puesta en escena de Roberto Oswald. Regresó tres años más tarde, cuando ya se iniciaban los conflictos gremiales durante la gestión de De la Rúa, y tuvo inconvenientes para presentarse en «El ocaso de los dioses», final de la Tetralogía wagneriana. Entre sus grabaciones más importantes, además de los títulos de Wagner y Strauss, se destaca una «Tosca» con Plácido Domingo y dirección de Giuseppe Sinopoli en el Metropolitan de Nueva York.


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