El periodista y conductor de radio Rubén Sixto «Nano» Herrera, ganador del Martín Fierro y especialista en jazz, murió ayer como consecuencia de una neumonía que le sobrevino después de un problema de vesícula. Pasó un mes en terapia intensiva.
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Cualquiera que circulara por la noche porteña podía encontrárselo. Allí estaba su figura enorme, su barba blanca, su gorrita y su vozarrón inconfundible. No había jam session, concierto o festival jazzeros donde faltara. Fue una presencia fuerte en encuentros como el de Lapataia en Punta del Este, el Buenos Aires Jazz y Mardel Jazz. Herrera cultivó un estilo periodístico cercano a los artistas. No buscaba «la objetividad» y casi hacía alarde de su amistad -y hasta de su confianza e intimidad- con músicos, cantantes y compositores. Su anecdotario con Astor Piazzolla, Dizzy Gillespie, Hermeto Pascoal, Vinicius de Moraes o el Gato Barbieri, por citar apenas a algunos, era riquísimo. Fundó y llevó adelante varios programas de radio, se lo vio esporádicamente en la televisión y tuvo algunos espacios en medios gráficos. De espíritu bohemio, nunca se consolidó del todo profesionalmente y casi siempre la pasaba mal en lo económico. Había nacido en La Rioja aunque eligió el jazz antes que el folklore.