18 de marzo 2022 - 00:00

Murió ayer Pascual Condito, distribuidor pero sobre todo hombre de cine

Tano rezongón, vehemente, generoso, Pascual Condito amaba el cine tanto como a sus hijos y a su propia vida. Murió ayer, a los 73 años. Nativo de Catanzaro, a los 5 años llegó acá con su familia, a los 10 el padre lo internó en el Colegio Don Bosco, a los 12 ya era el programador de las películas del Colegio. Empezó desde abajo, alquilando películas de segunda en cines de barrio del conurbano. Llegó a dormir sobre bolsas de latas de películas. En 1979 abrió Lucian Films, especializada en acción.

En 1987 asumió, con más corazón que plata, el estreno de “Ico, el caballito valiente”, de García Ferré, que nadie quería estrenar, y lo convirtió en uno de los grandes éxitos del año. En 1998 colocó en una sola sala “El sabor de la cereza”, del iraní Abbas Kiarostami, autor entonces desconocido en estos lares. El riesgo era mayor, pero él alcanzó el éxito. Comparando los gastos de promoción, salió ganando en limpio más que “Titanic”. Eso lo volcó a dedicarse a traer películas artísticas. Así contribuyó al refinamiento de los espectadores, fue invitado a decenas de festivales, viajó por el mundo y estuvo a punto de ver su vida llevada al cine por el director italiano Salvatore Samperi (no pudo ser, pero años después le gustó verse en la miniserie, “Vida de película”, encarnado por Luis Machin) Su empresa definitiva, Primer Plano, ocupaba el edificio que antes fue del infame Ente de Calificación Cinematográfica, Todo un símbolo. En 2002 se dedicó solo al cine nacional. Fue el favorito de los jóvenes realizadores. Difundió sus obras, vendió muchas de ellas al mercado mundial, y hasta se dio el gusto de actuar en algunas. Así aparece en películas de Claudio Etcheberry, Carlos Sorin, Subiela, Cohn & Duprat y otros. Notable, su rostro dolorido ante el rechazo de una mujer en la ítalo-argentina “Nuovomondo”, de Emanuele Crialesi. La misma expresión que fue teniendo ante la decadencia de los cines, la pandemia, y la enfermedad que ayer se lo llevó.

Paraná Sendrós