Agosto nació con el Dow marcando un nuevo récord nominal en 15.628,02 puntos (sumando un 4,5% rompería la marca en términos constantes del 14 de enero de 2000) tras avanzar un 0,83% y el S&P 500 rompiendo por primera vez en su historia la línea de los 1.700 puntos. Algunos adjudicaron el entusiasmo a Ben Bernanke (Janet Yellen, esposa de George Akerlof -con las implicancias que esto trae-, es la candidata favorita para sucederlo) y su gente que si algo aportaron el miércoles no fue demasiado bueno, ya que en la última hora de operaciones el Dow se desbarrancó un 0,64% y la tasa a 10 años poco más de 6 puntos básicos. Otros se escudaron en el casi 4% que avanzó el Dow en julio, pero a esta idea se contrapone el desplome del volumen diario que hizo del mes el segundo más pobre desde octubre de 2007 (la caída de la volatilidad diaria desde mediados de junio, reflejarían que el mercado no ha sido capaz de atraer nuevos inversores, lo que explicaría el brutal vuelco a los ETF).
Hubo quienes vieron en la merma de los pedidos del seguro de desempleo (mínimo en cinco años y medio) un atisbo a los datos que revela hoy el Departamento de Trabajo. Lo curioso es que esto (como los datos del sector manufacturero) debería alimentar la idea del fin de los estímulos oficiales. Los balances tampoco aportaron demasiado: bien P&G y ConocoPhillips, flojos Exxon y Shell. Siempre es útil ver el nacimiento de un nuevo mercado, aun cuando las apuestas sean a que no durará más de dos años. ¿Pero qué podemos decir sobre el futuro que le espera a uno, cuya ley madre entra en funciones con más del 61% de sus artículos sin reglamentar? ¿Que después de siete meses y medio el regulador demostró que es "eficiente y honesto" y no será "arbitrario"? ¿Qué los que aplaudieron el acto son gente responsable?
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Dejá tu comentario