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“Nadie restringe la libertad de una ficción en Internet”
Julieta Otero: «En la red es sólo el creador de una ficción el que decide la duración de cada capítulo, cuántos episodios tendrá la serie, a qué día y hora subirla y cuándo finaliza».
«Según Roxi», coescrita junto a Azul Lombardía, ha mostrado hasta ahora tan sólo ocho episodios de diez minutos y cuenta las desventuras de una madre neurótica, desubicada y paranoica quien, con honestidad brutal, intenta salir airosa de la experiencia de la maternidad.
La diferencia central entre una ficción en Internet y en TV, radica en la libertad: sin un programador detrás, que digite en función del rating, la publicidad y el espacio disponible en la grilla horaria, el creador de la ficción online decide la duración de cada capítulo, cuántos episodios tendrá la serie, a qué día y hora sube cada nueva entrega y cuando finaliza. No hay levantamientos abruptos por falta de rating ni cambios de horario intempestivos que han llevado al público de TV a disgustarse con sus canales.
Aunque se trate de Internet, el contrato entre el público y un contenido exitoso llega a la máxima fidelidad, igual o mayor que en TV. La diferencia reside en el alcance masivo de la televisión (al menos por ahora); sin embargo, las series online no suelen ser productos multitarget, sino más bien todo lo contrario. Y «Según Roxi» encontró perfectamente su nicho sin necesidad de recurrir a los medios tradicionales.
Cuando terminó «Según Roxi», la reunión entre los personajes y sus seguidores continuó con nuevas entradas al blog cada semana. Realizada entre Otero, Lombardía y el productor Lucas Mirvois, de «La maldita», los tres ya trabajan en la segunda temporada, que dejaría de ser «apuesta» para intentar recaudar algo de dinero. «Venimos del teatro», continúa Otero, «Y fue como estar volanteando en la calle, pero desde Internet y de ahí se movió mucho con el boca en boca. De dinero todavía no vimos nada, como en el teatro independiente, pero sentimos que esto recién comienza».
«Según Roxi» contó con varios invitados especiales en la primera temporada, entre ellos, Fena Della Maggiora, Leonora Balcarce, Julieta Cardinali y Osmar Nuñez. La música es del artista de jazz Mariano Otero, su hermano. En cuanto a la continuidad de la serie, Otero cree que el formato ideal es el audiovisual, dado que abundan los flashbacks, la gráfica, los dibujos animados y la forma de contar no tiene mucho que ver con lo teatral. Sí podría derivar en un libro, dado que proviene de lo literario (primero cartas y mails, luego un blog). La historia no abrirá ventanas sino que se profundizará en Roxi: las situaciones con la maternidad son inagotables, Otero imagina problemáticas en torno al segundo embarazo, suegras, madres, abuelos, piojos, fiestas, etc.
Génesis
«Según Roxi» surgió como necesidad de contar la experiencia de la maternidad mas que como intención de compartirlo con otros. «Vino de mi blog, donde relataba a modo de diario íntimo. Yo escribía mucho, y contaba mis sensaciones para descargar, para ordenar el caos interno por medio de la escritura. El blog nació en un momento de crisis, cuando mi hija cumplió dos años y comenzó a ir al jardín, donde tuve que enfrentarme con todo ese mundo exterior que yo ya no dominaba. Mi problema nunca fue no dormir de noche sino la llegada del afuera que implica la maternidad», dice Otero.
Lo mejor de la serie es Roxi, sin embargo, no tiene desperdicio la galería de personajes sobre los que esta madre desesperada intenta apoyarse. Su mundo está dividido entre aliados, como la chica que trabaja en su casa, Kerly, o los dueños del supermercado chino, donde se refugia en busca de la intimidad perdida y se pasea entre las góndolas en paz y con celular en mano. Entre los «enemigos» de esta madre que parece ser el espejo en el que se reflejan madres de entre 30 y 40 años, aparecen las maestras («seños») y madres del colegio («mamis»). Otero concluye: «Lo terrible de la maternidad es que, como en el fútbol, todo el mundo opina. En algún momento a las madres se les planteará una fisura, una crisis, una grieta, sea con el recién nacido o con el adolescente, de eso no se puede escapar. Y la que dice que no sufre, miente. Históricamente la maternidad fue un oficio muy compartido, se era madre a los 20, abuela a los 40 y bisabuela a los 60. Había muchas hermanas y mujeres que querían aprender. Hoy somos madres a los 40 y estamos muy solas, no hay tiempo para juntarse con amigas, todos trabajan, vivimos en ciudades enormes, lejos de todos. Entonces leemos libritos de «como ser madres» porque no tenemos ni tiempo de sentir nada. Eso sí, nos fanatizamos con líneas de pensamiento que, obvio, no podemos aplicar».
Entrevista de Carolina Liponetzky


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