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Narváez entró en la historia grande del boxeo argentino
En andas y con su inseparable cinturón de campeón del mundo. Omar Narváez derrotó a Whitfield y retuvo la corona de los moscas.
En un Nuevo Palacio Aurinegro, microestadio del club Deportivo Madryn, colmado por casi 5 mil personas, el denominado «Huracán de Trelew» retuvo por decimoquinta vez en forma exitosa su corona mundial Mosca de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB).
Narváez, de 33 años, superó su propia marca y la que mantenía vigente el inigualable Carlos Monzón, quien dominó la escena internacional de los medianos durante la década del 70 y ejecutó 14 defensas con victorias.
«Quiero superarme a mí mismo y ser parte de la historia grande del pugilismo nacional, pero tengo muy bien en claro que Monzón seguirá siendo el más grande del boxeo argentino», reflexionaba, con sensatez y humildad, el chubutense, en los días previos a la pelea.
Lo cierto es que el púgil patagónico quedará (más allá de que la comparación con Monzón es imposible) en la historia del boxeo argentino, por haber logrado 15 defensas exitosas del cetro ganado en el Luna Park en julio de 2002, cuando derrotó al nicaragüense Adonis Rivas.
La pelea ante Whitfield resultó pareja, pero siempre el campeón dominó las acciones.
Los impactos más justos en un combate de tono menor los colocó el «Huracán» que solamente se intranquilizó ligeramente en el cuarto round, cuando un cabezazo de su adversario le produjo una inoportuna herida cortante en la ceja izquierda.
En el séptimo, octavo y noveno asalto, el argentino puso en evidencia su mejor técnica y «descontroló» a Whitfield, a quien se le aplicó el descuento de dos puntos (en el séptimo y noveno) por reiteradas conductas antideportivas con sus codos.
La definición llegó en el décimo capítulo, cuando Whitfield (perdió su primer combate en 23 presentaciones) empezó a trastabillar por los golpes que le aplicaba el chubutense y el árbitro portorriqueño Samuel Viruet detuvo acertadamente la contienda.


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