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"Necesitamos la ayuda del nuevo gobierno"

Michel Rolland: Para ser honesto, jamás... Pero tampoco les dije que era malo. Ellos eligieron con libertad.
P.: De todos modos estamos hablando de 17 años atrás, no había mucha información sobre el tema
M.R.: Exacto. Hoy se habla mucho de Tupungato, pero en ese momento muchos tenían miedo de plantar arriba por la helada. Hoy todo parece obvio, pero en aquel entonces recién se empezaba a hablar del riego gota a gota.
P.: ¿Y cuáles son los beneficios del riego por gota?
M.R.: Entre otros, que permite plantar en pendiente, porque no se pierde el agua de inmediato, cosa que no sucede con el sistema de irrigación por manta.
P.: Si hoy viniese por primera vez a la Argentina... ¿volvería a invertir en el sector vitivinícola?
M.R.: No creo que hoy la Argentina sea una tierra que atraiga inversores. Todo es demasiado complicado y el país no ayuda mucho. Si vuelve un tiempo más estable, como a mediados de los 90, los inversores volverían, pero hoy no se sienten cómodos para invertir. Ahora, si dejamos de lado la situación económica y las dificultades administrativas, es cierto que todavía hay sectores muy buenos para desarrollar nuevos emprendimiento o comprar un lindo proyecto ya funcionando. Está claro que una marca como la Argentina necesita inversores para desarrollarse y potenciarse.
P.: ¿Por qué eligió a la Argentina para venir a hacer vino?
M.R.: Porque adoro a las argentinas (ironiza). Este país tiene un atractivo particular. No hay muchos lugares en el mundo así.
P.: ¿Así, cómo?
M.R.: Con tanto potencial, pero sobre todo tan bello. Cuando llegué por primera vez a Cafayate me enamoré, y calcule que 20 años atrás allí había dos o tres locos fumando y nada más. Hoy Cafayate es una potencia y se conoce en el mundo.
P.: Uno de los sectores más afectados por la crisis han sido las economías regionales. ¿Cómo le fue a usted?
M.R.: Sobrevivimos. Ese es el término que mejor cabe. Para colmo claramente yo soy un tipo sin suerte. Mire la gran cantidad de países que hay en el mundo y justo estoy en dos de los que más complicados están: Francia y Argentina. Más allá de la ironía y volviendo a su pregunta, hoy estamos muy castigados por razones que nos cuesta entender. Mientras, otros países nos sacan cada vez más ventajas. Pero no vamos a morirnos por decisiones políticas estúpidas o por una mala administración; hay que seguir apostando y mirando para adelante. Argentina tiene un futuro enorme.
P.: ¿Cuáles son esos países que nos sacan ventaja?
M.R.: Chile, por ejemplo. Estamos en un mundo de máxima competencia. Y los chilenos se sientan mano a mano a negociar con China, con Corea y con tantos otros compradores porque tienen arancel cero, algo que literalmente te cambia la vida. Ojalá nosotros tengamos esa posibilidad en el corto plazo con el nuevo Gobierno. Hay que ser positivos y mirar para adelante.
P.: Suele decirse que producir vino es un negocio a largo plazo.
M.R.: Es muy cierto, por eso no hay que desesperarse. En Burdeos se dice que la vitivinicultura es muy simple, lo que cuesta son los cien primeros años, ja ja...
P.: Volviendo a Chile: ¿hacen mejores vinos que nosotros?
M.R.: No voy a esquivar la pregunta. Diría que la Argentina tiene un potencial de volumen de alta gama más importante. Pero hay que tener en cuenta la producción de cada uno. Mientras Chile produce 7 millones de hectolitros de vino, Argentina lo duplica. Por otro lado, y a pesar de los problemas actuales, Argentina todavía tiene mejor presencia en los mercados internacionales.
P.: Chile tiene un mercado concentrado en dos o tres grandes jugadores. ¿Cree que puede pasar lo mismo aquí por la crisis?
M.R.: No. Es cierto que ese es el gran problema de Chile. No tiene emprendimientos chicos que ayuden a diversificar el mercado, como sucede acá. Allá Concha y Toro maneja todo: concentra los precios, los mercados. Básicamente maneja la industria. Eso es lo que está castigando al país trasandino. Pero Argentina tiene una estructura diferente, aquí se produce vino en Cafayate, La Rioja, Catamarca, San Juan, Mendoza, Rio Negro, Neuquén. Trapiche en su momento fue un poco el Concha y Toro de la vitivinicultura local, pero por suerte no pasó lo mismo.
P.: ¿Un vino preferido?
M.R.: Dos: Valdeflores y Pomerol.
P.: Hablando en términos de vinos: ¿qué se dice de la Argentina en el mundo?
M.R.: No hay un solo país que haya desarrollado tanta fama, tanta imagen del vino en un período tan corto como la Argentina. En 2000 no había prácticamente opciones de vinos locales en el mercado internacional. Hoy todo el mundo habla del Malbec argentino. Pero el Gobierno, en vez de ayudarnos, nos perjudicó. No entran barricas, no se puede importar, hay problemas para exportar. Aranceles, impuestos altos, etc. La suma de todo esto nos está complicado la vida.
P.: Si tuviese que sentarse con el nuevo Gobierno para tratar un plan de reactivación de la industria... ¿cuáles serían las prioridades?
M.R.: Todo esto que le comento anteriormente es prioritario. Además, el sector necesita mayores ingresos, por ejemplo, para reinvertir en infraestructura y tecnología.
P.: No están invirtiendo en tecnología?
M.R.: Nosotros sí, porque es impensado pensar en hacer un buen vino sin invertir en progreso. Pero muchas bodegas chicas están muy retrasadas.
P.: ¿Hoy el mercado interno pasa por su mejor momento?
M.R.: En términos de opciones de etiquetas a buen precio para el consumidor, sin dudas. Pero el sector tiene que exportar para sobrevivir...
M.R.: Si miran la etiqueta, un europeo te va a mirar y te va a decir "están haciendo cosas interesantes eh, bastante bien...". Y si prueba a ciegas, sin saber que es una etiqueta argentina, la respuesta va a ser: "¡Que vino espectacular!".
P.: Uruguay desde hace años intenta meterse en la pelea pero da la sensación de que nunca despega. ¿A qué se debe?
M.R.: Cuando hay veinte mil kilos de Tannat para hacer vino, es imposible conseguir calidad. Pero poco a poco están entendiendo cómo trabajar y ya hay algunos buenos emprendimientos, como el de Alejandro Bulgheroni, que produce muy buenos vinos.
P.: ¿Qué le gusta hacer en su tiempo libre?
M.R.: Jugar al golf, cazar y viajar.
P.: Muchos insisten con pretender hacer del Bonarda la segunda cepa emblema de la Argentina. ¿Es posible lograr la calidad Premium que tiene el Malbec?
M.R.: Argentina tiene Bonarda de muy buen nivel. Pero el Malbec de alta gama será siempre mejor.
P.: ¿Existe en la Argentina la cultura de coleccionar vinos de guarda?
M.R.: No hay aquí muchos coleccionistas de vinos. Antes no existía gran cantidad de vinos para guardar y tampoco las condiciones de guarda, que son determinantes en el largo plazo. Hoy hay cada vez más cultura, y los consumidores de buen nivel empiezan a coleccionar.
P.: ¿Cuáles son los secretos para armar una cava y guardar el vino?
M.R.: Armar una cava es seleccionar vinos para diferentes momentos. De todos los días y también vinos que van a mantener o aumentar su calidad con los años. Cuando el número de botellas aumenta, la gestión para no perder botellas se complica, pero es muy interesante también. En todo caso tener una cava, es un placer enorme.
P.: ¿Le recomienda a las bodegas chicas y medianas contratar a empresas dedicadas a la estiba y guarda de vinos que les permita crecer en volumen de elaboración y ganar rentabilidad?.
M.R.: Me abstengo de recomendar algo para generar rentabilidad en este negocio, el vino me fascinó toda la vida, pero nunca logré la rentabilidad.
P.: Se dice que la inversión en vinos Premium ha demostrado altos rendimientos con menor volatilidad que muchas otras formas reconocidas de inversión. ¿Es así? ¿Recomendaría invertir en vinos finos como un buen resguardo del dinero?
M.R.: Conozco a muchos fondos de inversión pero nunca he visto en América Latina o del Norte. Los únicos funcionando están en Europa con vinos franceses, algunos italianos, españoles o portugueses. Puede ser que en el futuro la inversión en botellas sea una buena alternativa.
P.: ¿Quién hubiera dicho que "Monsieur Merlot", un especialista en vinos robustos, iba a experimentar con el Pinot Noir?
M.R.: Es cierto, todo el mundo me conoce como un especialista de vinos más duros como el Merlot, Cabernet o Malbec. Me animé a hacer en Mendoza un Pinot Noir que salió muy bueno. Este año particularmente fue complicado por las lluvias. Pero el Pinot Noir y el Sauvignon Blanc son uvas que vienen temprano, y no fue tan complicado.
P.: Los vinos Camille, Arthur & Theo y Raphael los hizo en honor a sus nietos. ¿Qué significan para usted?
M.R.: Los nietos son el resultado y el regalo de la vida y pasamos momentos muy agradables. Pero tengo que reconocer que ser abuelo es mucho más fácil que ser padre. Respecto de esos vinos, son todos diferentes. Si algún día mis nietos son famosos, recordarán a su abuelo como un hombre un poco loco que creó estos vinos. Todavía no hacemos mucho, pero un día me gustaría viajar a través del mundo con ellos.


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