3 de julio 2013 - 00:00

Negro, color de campeón

Los All Blacks no sólo dominan en rugby tradicional: ahora también son potencia en mujeres y seven. Sólo les faltó coronarse en M20

Dueños de todo. Los All Blacks Seven, que venían de ganar el Circuito IRB, ahora se llevaron la Copa del Mundo.
Dueños de todo. Los All Blacks Seven, que venían de ganar el Circuito IRB, ahora se llevaron la Copa del Mundo.
En una encuesta que anualmente realiza la revista Reader's Digest, el capitán de los All Blacks, Richie McCaw, fue elegido como el tercer neozelandés mas confiable de 2013. Cayó dos puestos, ya que en 2012 había sido el más confiable. Quien lo reemplazó en la cima fue Sir John Kirwan, otro gran All Blacks que además de entrenar a los Blues es portavoz de la lucha contra la depresión (enfermedad que sufrió).

No hay país en el mundo donde el rugby se viva de manera tan intensa y sea parte tan integral del entramado social como en Nueva Zelanda. Además de Kirwan y McCaw, el apertura Dan Carter figura 13º, el ex All Black Colin Meads está 15º, mientras que entre los 30 más confiables están el ex capitán y entrenador de los All Blacks Brian Lochore y el hoy consejero técnico de Los Pumas Sir Graham Henry.

Esta pasión ovalada que consume a un país de belleza abrumadora es una presión inexplicable sólo comparable con la forma en que el fútbol afecta la psiquis de un país como el nuestro o aún más, la de nuestros vecinos de Brasil.

Como deporte o como evento cultural -el rugby es tanto un deporte como parte de la cultura de multiétnica sociedad kiwi- el nivel de juego en el país pasa por su mejor momento.

Buscando en los anales del deporte, es imposible encontrar el dominio mundial tan absoluto de un deporte como el de Nueva Zelanda en el rugby. Hoy, los equipos de negro dominan el rugby mundial. Las nuevas oficinas de la New Zealand Rugby Union en Wellington están repletas de trofeos. Han ganado la RugbyWorld Cup, el Rugby Championship 2012, las Black Ferns (mujeres) se impusieron en la Women's Rugby World Cup en 2010 y sus dos seleccionados de seven se adueñaron del HSBC World Sevens Series y la Women's Sevens Series. Por supuesto, este fin de se-mana en un vacío estadio Luznicki de Moscú los All Blacks Sevens y las Black Ferns ganaron los mundiales respectivos de seven.

Ese negro tan negro mete miedo en un campo de juego y no se puede menospreciar el impacto que tiene en sus ciudadanos el éxito deportivo. Siendo un par de islas grandes y otras muchas más pequeñas aisladas del mundo, cuando nacieron los All Blacks en aquella primera gira a Europa en 1904-05, entendieron que su rugby era superior (más allá de haber perdido 3 a 0 contra Gales, resultado que aún hoy disputan los neozelandeses) y que era una maravillosa manera de poner a su país en el mapa mundial. Mantuvieron eso a lo largo de las décadas.

La historia y tradición es tal que alguien como Colin Meads, All Black entre 1957 y 1971, sigue siendo, a sus 76 años, una figura nacional. En oportunidad de cenar con él el año pasado, la cantidad de gente que se acercó a la mesa para estrechar su mano y tomarse una foto marcó el peso que trae haber sido All Black, y más haber sido un gran All Black. Meads fue durante 50 años el más reconocido hasta que Richie McCaw le quitó ese lugar en el olimpo deportivo de un país obsesionado con los All Blacks. Lo del capitán negro lo puso muy bien en palabras Sir Graham Henry, el hoy asistente técnico de Los Pumas:Richie es probablemente el mejor All Black de la historia; es un joven especial, un neozelandés especial porque es inteligente, valiente e inspirador y da siempre todo de sí. Este joven es un gran neozelandés.

El peso de la historia era tal que cuando finalmente, después de no poder completar su dominio con copas del mundo después del 87 y hasta 2011, McCaw finalmente levantó el trofeo, sólo sintió alivio. Fue bueno finalmente ganarlo... hubiera sido muy triste para el país si hubiéramos fallado nuevamente.

Parecido había sido lo del seven neozelandés. Ganadores de ocho de las doce series mundiales, el equipo que dirige Gordon Tiejtens sólo había podido ganar el Mundial 2001 en Mar del Plata; uno de cinco no era buen retorno. De manera similar, las mujeres perdieron la final del primer mundial femenino; ambos equipos llegaban a Moscú con una enorme presión en sus amplios hombros.

Tiejtens es un raro fenómeno del deporte mundial. Jugó para el seven neozelandés en 1982 y en 1994 se convirtió en el entrenador del seven de su país. No faltó a ningún torneo. Sólo se perdió el primer día del Seven de Punta del 2000: al llegar a Uruguay le informaron que su padre había fallecido. Regresó al funeral y volvió a Uruguay a tiempo para ver a su equipo campeón. Ganó al menos una vez cada uno de los torneos que su equipo jugó; bajo su batuta, el equipo ganó más del 85% de los partidos jugados. Por sus manos pasaron una treintena de jugadores que luego fueron All Blacks y el año pasado fue sumado al Hall de la Fama del IRB estando aún en actividad.

Ver su tranquila alegría al ganar su segundo mundial fue el reflejo de la preparación de un equipo para ser el mejor. Son legendarias las sesiones de entrenamiento de Titch, dicen que son más duras que jugar un torneo.

Eso es en esencia el estilo neozelandés. Prepararse para ser los mejores. No dejar nada en el proceso; aspirar a ser los mejores. Ser un equipo que represente con honor y orgullo a un país pequeño, hermoso y orgulloso.

Hoy falta un trofeo en esas vitrinas. Después de ganar cuatro años seguidos el Mundial M20, el 2012 y el 2013 no fue el año de ellos. Que no tengan ese trofeo arruina el póker perfecto ni no quita que en la tierra de la larga nube blanca viva el mejor rugby del mundo.

Dejá tu comentario