La primera lectura del borrador ante la Kneset (Parlamento) había sido programada para mañana y fue pospuesta al menos siete días tras la mediación del ministro de Relaciones Exteriores, Avigdor Lieberman, informó el Canal 2.
La ministra de Justicia, Tzipi Livni, y el ministro de Finanzas, Yair Lapid, dos socios centristas clave en el Gobierno, ya habían anunciado que no iban a apoyar la ley que impulsan las fuerzas más conservadoras y de ultraderecha del gabinete.
"Creo que esta propuesta de ley daña el sionismo y destruye el Estado de Israel", dijo ayer la ministra centrista Livni. "Si se presenta (al Parlamento) el miércoles no vamos permitir que se apruebe", agregó la ministra a Ynet TV.
"El primer ministro tendrá que considerar si quiere expulsar ministros de su Gobierno y romper la coalición por su oposición a una ley que va contra un Israel que es ambas cosas: judío y democrático", señaló.
Lapid, el principal socio de Netanyahu con los 19 escaños que aporta su formación Yesh Atid, también anunció que, al igual que Livni, tampoco iba a votar el proyecto de ley.
Sin el apoyo de ambos, Netanyahu no contaría con mayoría, ya que su coalición suma en total 68 escaños de un pleno de 120 diputados.
Tras un acalorado debate el domingo, 14 miembros del Gabinete votaron a favor del proyecto de ley y seis votaron en contra, a pesar de las críticas de que la propuesta puede ofender e infringir los derechos de las minorías no judías.
Netanyahu finalmente llegó al compromiso de que la versión final de la ley sería reformulada con la ayuda del fiscal general de Israel.
La cuestionada iniciativa se produce en un momento de tensiones entre judíos y musulmanes por el acceso a los lugares santos en Jerusalén y por la construcción de asentamientos.
Los árabes israelíes constituyen una minoría del 20% de los 8 millones de personas que integran la población de Israel.
Netanyahu argumentó que es necesario consagrar el carácter judío de Israel por ley debido a los esfuerzos por deslegitimar el país. "Hay muchos que desafían el carácter de Israel como Estado del pueblo judío", dijo el domingo el político conservador al señalar que una ley en ese sentido es necesaria después de 66 años de no serlo. "Los palestinos se niegan a reconocerlo", insistió. Sin embargo, Lapid cargó contra lo que considera una "mala ley" que sólo se estaba debatiendo por motivos partidistas para ganar los corazones de los nacionalistas y los ultranacionalistas antes de las primarias del Likud en enero.
Los palestinos se oponen a la definición de Israel como Estado judío y argumentan que la definición ignora las minorías cristiana y musulmana.
Las voces críticas en Israel se oponen a esta legislación debido a la sensibilidad y el delicado estado de las relaciones árabe-judías en el país y debido a que la definición podría ser considerada antidemocrática.
Si se aprueba la versión del proyecto de ley con la cláusula que obliga al Estado a alimentar la herencia y cultura judía y no las de las minorías, la propuesta sería una violación del principio democrático de igualdad, dijo el ministro de Justicia y opositor a la iniciativo, Dan Meridor.
Los críticos argumentan que la claúsula que declara el hebreo como la única lengua oficial sería también un insulto a la minoría árabe.
Una de las versiones del proyecto de ley impulsadas por legisladores derechistas del Likud incluyó esa cláusula, pero la versión de compromiso que adpotó Netanyahu no lo hace. En Israel los proyectos de ley tienen que ser a aprobados en tres lecturas y una preliminar antes de convertirse en ley.
Las elecciones legislativas se celebraron en enero de 2013, pero desde que la Kneset inauguró el período de sesiones de invierno boreal en octubre no dejan de circular afirmaciones de que la coalición de Netanyahu no agotará la legislatura. No obstante, muchos miembros del Gobierno se pronuncian firmemente contra el adelanto de elecciones, sobre todo en estos momentos en las que las relaciones entre palestinos e israelíes atraviesan un momento de máxima tensión.
| Agencia DPA |


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