25 de septiembre 2015 - 00:00

New York paralizada al paso de Francisco

New York paralizada al paso de Francisco
Nueva York - Demócratas de todos los niveles de la administración y hasta muchos republicanos ultraprotestantes festejaban ayer el baño de popularidad que les dio hasta ahora el papa Francisco a esta visita a los Estados Unidos. Para Barack Obama, que participó personalmente hasta en el último detalle en la visita, la apuesta fue un éxito y con rentabilidad asegurada. El Papa le respondió dándole a su Gobierno todo lo que necesitaba: desde la mención a los héroes de las luchas por la libertad hasta un rotundo espaldarazo a la protección de los inmigrantes de toda categoría frente al Capitolio. Mientras eso sucedía en lenguaje político, a nivel popular, la costa este se paralizaba por la visita Papal.

Nueva York estuvo cercada por la "papamanía" desde temprano. Una imagen presagió lo que vendría como efecto de la visita: a la mañana, mientras muchos hacíamos las colas en Migraciones en el aeropuerto JFK para ingresar al país, todos los televisores de la terminal transmitían la presentación de Francisco ante el Capitolio y los empleados se paralizaban mirando extasiados las pantallas.

The New York Times anticipó el movimiento del día abriendo en tapa con una espectacular foto de Obama y Francisco de espaldas.

Ningún dignatario extranjero tuvo en el pasado reciente el trato que el presidente de Estados Unidos le dio al Papa. Y hasta hubo ecos diplomáticos. Evo Morales comentó ayer que Francisco lo llamó para felicitarlo por el éxito en la Corte Internacional de Justicia, que aceptó tratar el caso con Chile, y prometió que habrá encuentro dentro de la ONU hoy, cuando el Papa hable a las 8.30 ante la Asamblea General.

El Gobierno de Obama le cambió el avión de Alitalia, en el que se traslada el Papa, por uno de American Airlines para el viaje entre Washington y el aeropuerto JFK. La nave fue renombrada inmediatamente "Shepherd One", por llevar al "pastor".

Los estadounidenses lograron con el cambio de avión una imagen que monopolizó todos los canales del mundo: la máquina (un Boeing de fabricación local en lugar del Airbus, competidor, que le pone Alitalia), carreteando con las banderas de Estados Unidos y el Vaticano saliendo de la cabina.

El ingreso a Nueva York se preparó con un protocolo al que pocos pueden acceder: Obama puso a disposición de Francisco su helicóptero personal, que integra la flota presidencial, para que partiera del aeropuerto Kennedy y trasladara a Jorge Bergoglio hasta el helipuerto de Wall Street, en medio de una puesta cinematográfica que siguieron todas las cadenas de televisión. Imposible pensar en una mejor manera de llegar a Nueva York. Desde allí partió la primera caravana por la Quinta Avenida hasta la Catedral de San Patricio.

Nunca en los últimos años la palabra "Argentina" se mencionó tanto entre los estadounidenses, al menos los de la costa este, y especialmente entre la gente de a pie, como en estos días. Se produjo una extraña asimilación también en el público entre la nacionalidad argentina del Papa y su condición de jefe de un Estado, que es el trato protocolar con el que obviamente fue recibido.

De hecho, la televisión repitió durante todo el día historias de Bergoglio en Buenos Aires, como sus viajes de todos los días en "colectivo" (manteniendo la palabra en castellano), como una rareza entre los hombres del poder. Todo un récord para un argentino, aunque se trate del Papa: las menciones al país fueron siempre casi inexistentes cuando nuestros presidentes visitaron la ciudad por cualquier motivo.

También el público en las calles de Nueva York tuvo extrañas asimilaciones. Muchos argentinos esperaron a Bergoglio a los costados de la Quinta Avenida, frente a una recién restaurada San Patricio. Pero también había puertorriqueños con la Bandera argentina, que mezclaban con la papal blanca y amarilla.

La euforia de los estadounidenses de la costa este frente a este fenómeno es difícil de procesar. Más allá de las conveniencias de Obama en esta visita, una mayoría de protestantes gritaba ayer en las calles de Nueva York "¡Viva el Papa!" y hasta "¡Viva Argentina!". Es una realidad que esta ciudad tiene un contenido católico más fuerte que otras, sobre todo porque, como en todo el norte de la costa este, hay una fuerte colectividad irlandesa católica. Tan fuerte que en las guerras de mafias neoyorquinas de principios de los años 70, las irlandesas hicieron frente a las "familias" italianas y casi se quedan con el dominio del territorio.

Que San Patricio sea la catedral mayor de la ciudad es una prueba de eso, pero no alcanza esa presencia, de todas formas, para explicar el delirio por Francisco que ayer se veía en las calles.

La entrada a San Patricio tuvo su propio proceso. Todo el Midtown neoyorquino quedó paralizado desde algunas horas antes que Francisco llegara a la ciudad. La Quinta Avenida, por donde pasó la caravana con el papamóvil, (primero otro Fiat 500 como el usado en Washington, mínimo y raquítico al lado de las camionetas Lincoln que utiliza el Servicio Secreto para trasladar funcionarios del Gobierno e invitados y luego un Jeep acondicionado) se cerró desde la 47 hasta la avenida 57. Hasta Madison Ave. quedó bloqueada y se usó como estacionamiento de los invitados especiales que luego hicieron cola para entrar a San Patricio.

Obispos, curas, monjas de todas las categorías, los jefes demócratas de la ciudad, los representantes republicanos y buena parte de la sociedad neoyorquina hicieron fila frente a las vidrieras de Saks Fifth Ave. bajo el sol en una tarde espectacular en Nueva York, con 25 grados y ni una nube en el cielo, para entrar a la catedral a escuchar al papa Bergoglio. Bill de Blasio, el alcalde neoyorquino, no se quiso perder el fabuloso baño de popularidad que le aportó el Papa a la actual administración y se aguantó horas de pie en la puerta de San Patricio esperando a Francisco.

El delirio que rodeaba toda la escena era general y poco habitual entre los estadounidenses, salvo que se trate de una estrella del espectáculo o alguna de las "parade" que se hacen cada año en la ciudad. Los gritos al paso de Francisco con el papamóvil registran sólo antecedente en alguna estrella del espectáculo, nunca en un jefe de Estado.

Mientras en las vidrieras y las veredas se habían cambiado las clásicas remeras para turistas con temas de la ciudad por otras con fotos de Francisco subido a cada uno de los íconos neoyorquinos, otro negocio mucho más rentable floreció en los últimos días.

Para ingresar a San Patricio hubo distintas colas y los guardias de seguridad pedían para entrar tickets "golden" o "yellow", según la ubicación o cercanía. Ayer por la mañana algunos de esos boletos llegaron a venderse hasta 15.000 dólares en la reventa.