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Ni 300 goles alcanzaron
Martín Palermo se saca la camiseta para mostrar otra con el número 300 en su espalda y la foto de sus hijos. Boca apenas empató.
Boca terminó un año que empezó con Alfio Basile y Carlos Bianchi de mánager y finalizó con el interinato de Roberto Pompei, después de pasar Abel Alves, el propio Pompei y Claudio Borghi, que había sido la apuesta fuerte de la dirigencia y se fue con más pena que gloria.
Boca volvió a ser el mismo equipo lagunero de todo el año, fue superior al débil Gimnasia, pero no pudo demostrarlo en el arco de Gastón Sessa y terminó empatando con un tiro libre exquisito de Juan Neira.
Lo más importante es la vigencia de Palermo, que consiguió una nueva marca en su carrera y que muchos dicen será la última, porque puede apurar su retiro, aunque tiene contrato hasta junio.
Palermo hizo un gol de cabeza ante un gran centro de Sergio Araujo, que volvió a mostrar chispazos de calidad y que en el comienzo del segundo tiempo estrelló una pelota en el poste.
Se viene casi con seguridad Julio César Falcioni, un técnico con fama de «poner orden», algo que parece imposible en este desordenado Boca lleno de figuras con veleidades de vedettes, no sólo entre los jugadores, sino también entre los dirigentes.


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