Ni los augurios de rigores logran frenar imparable ascenso de Rajoy

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Madrid - Un viernes como hoy, 12 de marzo de 2004, España también vivía la antesala de la elección del primer ministro. Cuarenta y ocho horas antes de aquel día vertiginoso, Mariano Rajoy entraba al área con pelota dominada, y 48 horas después, el joven socialista José Luis Rodríguez Zapatero se encontraba victorioso, en un país lacerado por dos centenares de víctimas mortales del terrorismo islamista. El Partido Popular (PP), dominado entonces por José María Aznar, pagó caro un intento de tergiversar la autoría de los atentados del 11 de marzo, una trampa de último minuto carente de la pericia del utilero bilardista.
España vuelve a votar ahora en estado de conmoción, aunque menos traumática y no sangrienta como aquella generada en Atocha. El país tambalea sobre bases que van pasando del cemento al aserrín, con preocupantes cifras sociales, como el desempleo del 21 por ciento; macroeconómicas, como un PBI que languidece (apenas un alza del 0,8% previsto para este año, según el último ajuste); y financieras, como el riesgo-país que merodea los 500 puntos.
Los estudiantes decían presente anoche con manifestaciones en las inmediaciones de la Puerta de Alcalá, y Madrid se hermanaba aún más con Buenos Aires. Mientras, los políticos aceleraban la campaña, que cerrará hoy. La cita conservadora será en el Palacio de los Deportes, y la del socialista Alfredo Pérez Rubalcaba en Fuenlabrada, una comuna popular del sur de Madrid. Según los últimos sondeos, la compulsa tiene un ganador definido, el PP, con cerca del 45 por ciento, frente al 30% del PSOE y un 9% de Cayo Lara, de Izquierda Unida. La expectativa pasa por si el conservador alcanzará las bancas parlamentarias suficientes para gobernar sin aliados, o si el PSOE sacará de las entrañas de su base electoral un caudal milagroso que le permita reducir la brecha. No sería la primera vez que ocurra.
Endurecimiento
Sin embargo, es el subibaja financiero el que domina la agenda preelectoral y no los actos de cierre. El Tesoro pagó ayer más del 7 por ciento en una licitación de bonos a diez años, y el riesgo-país cerró en 460 puntos gracias a una compra de títulos por parte del Banco Central Europeo. Los analistas financieros se superponían en la febril tarde madrileña para remarcar que la prima de riesgo local se acerca a la de Italia, un país que casi duplica a España en cuanto a relación entre deuda y Producto. Los más de 700.000 millones de euros que debe España equivalen al 65 por ciento de su PBI.
«La situación no tiene razón de ser. Estamos situados en un movimiento puramente especulativo, gente que está haciendo bastante dinero con los seguros sobre la deuda que se han inventado los grandes bancos de inversión», opina frente a Ámbito Financiero el analista Carlos Mangana, director de Serenity Markets. «Alemania está consiguiendo financiarse gratis, pero Angela Merkel no se da cuenta de que si los países europeos se van del euro y devalúan, ellos no le van a exportar a nadie», agrega el economista.
En tanto se va endureciendo la mirada hacia las exigencias que impone la Unión Europea (UE). Cristóbal Montoro exministro de Hacienda de Aznar y uno de los cinco ministeriables para el timón económico de Rajoy, advirtió ayer al diario Expansión: «Nadie espere que el 21 de noviembre anunciemos medidas drásticas. Nadie desde Europa nos va a decir lo que tenemos que hacer».
El diputado adelantó que no se creará un banco «malo» para absorber las toxicidades del sistema financiero, ni habrá subas de impuestos, incluido el IVA. «La rebaja de impuestos es una garantía para la estabilidad presupuestaria y no al revés; lo haga Alemania o sursuncorda», exclamó Montoro.
En el PP dan por descontado que habrá reformas del sector público, el sistema financiero y el mercado laboral. Así lo expuso Rajoy a la prensa local: «Mi prioridad son las pensiones. A partir de ahí, recortar todo», dijo al diario El País.
Dicho de esa manera, queda poco claro, ya que habrá de meter mano entonces en los subsidios a los desempleados, la sanidad (España gasta un 9,3 por ciento de su PBI en el sistema sanitario), la educación y los planes sociales. Por ahora, los conservadores apuntan a «gastos superfluos e innecesarios».
Recorte
El déficit comprometido con la UE es del 6 por ciento del PBI para este año, y de un 4,4 por ciento para 2012. Ello implica un recorte para el año próximo de 17.000 millones de euros. No será sencillo, ya que se viene de dos años de quitas de beneficios como el «cheque-bebé» de 2.500 euros, el congelamiento de pensiones y la rebaja del 5 por ciento de los salarios de los empleados públicos.
Además, el seguro de desempleo, que dispone cuatro meses por año trabajado con un techo de dos años, se va acabando para muchas familias, y los sueldos privados y condiciones de contratación, como es previsible, vienen a la baja.
En este escenario, algunos muestran cartas opuestas a las que exhiben, con matices, el PP y el PSOE. Vicenc Navarro, profesor de Economía de las universidades Pompeu Fabra, de Barcelona, y Johns Hopkins, de EE.UU., argumenta que el gasto público social por habitante de España es el más bajo de la UE-15 (Europa occidental), y que se ubica en el 75 por ciento del promedio del bloque.
Así las cosas, llega Rajoy nuevamente al área de gol. Con paciencia y un liderazgo templado, soportó una dura derrota en 2008 y el asedio de la derecha de su partido, con la que peleó y a la que coqueteó. De 56 años e irredento tono gallego, abogado, hijo y nieto de juristas, saltó a la política grande como ministro de José María Aznar. Esta vez, su candidatura no tiene padrinos, y como capitán del equipo, mandó al banco a los que no le pasaban la pelota. Va a patear. El arquero rival es Pérez Rubalcaba, un químico y exmaratonista de 60 años que ocupó sillas clave con Felipe González y Zapatero. Los hinchas socialistas se están yendo del estadio. Pérez Rubalcaba mantiene la dignidad, se queda en la raya, con las manos atadas. Es tuya, Mariano, hacelo.

Enviado Especial a España

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