13 de mayo 2019 - 00:01

El antichavismo decae y Guaidó activa la carta de la intervención de EE.UU.

Le pidió al Comando Sur del Pentágono "restablecer relaciones". La represión oficial y la falta de resultados de la estrategia opositora desmoraliza a los venezolanos que desean un cambio de régimen.

Menguante. Así se vio la última manifestación convocada por Juan Guaidó en Caracas, con una asistencia muy inferior a otras anteriores y mucho menor que la esperada por los líderes antichavistas.
Menguante. Así se vio la última manifestación convocada por Juan Guaidó en Caracas, con una asistencia muy inferior a otras anteriores y mucho menor que la esperada por los líderes antichavistas.

Caracas - Alarmado ante el desaliento de sus seguidores y la pérdida de volumen de las manifestaciones que, se suponía, debían terminar de empujar a Nicolás Maduro fuera del palacio presidencial de Miraflores, el líder opositor, Juan Guaidó, activó el contacto con el Comando Sur de EE.UU. en previsión de una posible intervención militar de ese país en Venezuela.

En la plaza Alfredo Sadel, en el este de Caracas, una zona de mayoría opositora, Guaidó debió conformarse el sábado con hablar ante unas 2.000 personas, una asistencia que empalideció frente a las multitudinarias marchas que había liderado en semanas anteriores en su pugna por el poder con el chavismo.

“Llegamos al momento histórico: o somos presas del miedo, de la desesperanza, de la inacción, o nos mantenemos unidos en las calles, con esperanza, con fuerza”, dijo el jefe parlamentario, reconocido como presidente interino por medio centenar de países, sin disimular el problema que le crea la decadencia a su estrategia del movimiento callejero.

Once días después de la fracasada sublevación del 30 de abril liderada por Guaidó, que desató una ofensiva oficialista que se saldó con un diputado preso y varios refugiados o huidos, puñados de personas se congregaron en otras ciudades del país, según mostró la prensa.

“Hoy le pido a Venezuela que no descansemos un solo día hasta lograr el cambio. Nosotros no lo vamos a hacer, a pesar de la persecución, del hostigamiento”, aseveró Guaidó, bajo riesgo de ser detenido tras perder su fuero parlamentario en abril.

El fracaso del levantamiento cívico-militar de fines del mes pasado lo pone en riesgo concreto de recibir cargos por “traición a la patria”, como otros legisladores que, en algunos casos fueron detenidos y en otros se refugiaron en embajadas de países aliados de la oposición.

En su discurso, Guaidó anunció que había pedido a su representante en Estados Unidos “restablecer relaciones” con el Comando Sur de ese país, cuyo jefe, el almirante Craig Faller, se puso a la orden para discutir un “apoyo” a los jefes militares que desconozcan a Maduro.

Washington, principal respaldo de Guaidó, impuso sanciones para presionar al líder socialista y dice no descartar una opción militar. Pero una intervención extranjera podrá concretarse solo “cuando los aliados estén dispuestos a dar ese tipo de ayuda, y que esa sea la última opción o la única que reste a los venezolanos”, dijo Guaidó a la televisión pública portuguesa RTP.

En los últimos días Guaidó señaló que, como jefe de la Asamblea Nacional (parlamento) podría pedirle al cuerpo que trate y apruebe el ingreso de tropas extranjeras al país, un paso que, de concretarse, llevaría la crisis venezolana al extremo.

Según dijo su presidente Donald Trump, Estados Unidos sopesa esa alternativa, pero esta podría encontrar escollos incluso entre países que también respaldan a Guaidó.

Por ejemplo, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, sugirió que respaldaría una salida bélica, pero la poderosa ala militar de su Gobierno se opone, recelosa de una mayor presencia de tropas estadounidenses en América del Sur.

Sobre el desaliento que parece apoderarse de la población que desea la salida del chavismo, el analista Félix Seijas, director de la encuestadora Delphos, advirtió que si la “población se desmoviliza, estará entregando la única herramienta que tiene a su disposición y la única que depende de ella misma”.

Desde que se proclamó presidente encargado el 23 de enero después de que el Parlamento declarara ilegítima la reelección de Maduro, Guaidó lideró manifestaciones y llamado a los militares a dar la espalda al líder socialista para propiciar una transición y “elecciones libres”.

“¿Hasta cuando podemos resistir como sociedad?”, preguntó Guaidó en referencia a la persistente crisis económica y social de Venezuela, la peor de su historia reciente.

Pero el heredero político del fallecido expresidente Hugo Chávez (1999-2013), que dice enfrentar un “golpe de Estado” continuado de la oposición azuzada por Estados Unidos, sigue contando con el respaldo castrense y de Rusia y China; apoyo que le permitió sobrevivir al alzamiento, prólogo de disturbios que dejaron seis muertos.

Por esos hechos, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), de línea oficialista, imputó a diez diputados, entre ellos Edgar Zambrano, por traición a la patria y conspiración.

Zambrano, vicepresidente del Parlamento, fue detenido el miércoles en una operación digna de una película que incluyó el remolque con grúa del vehículo en el que viajaba. Luego fue ingresado en una cárcel militar en Caracas.

Tres de sus colegas se refugiaron en las residencias de los embajadores de Argentina e Italia y otro huyó a Colombia.

“Yo le digo a las autoridades militares de los Estados Unidos: no estamos pidiendo, estamos exigiendo que se respete la ley”, expresó en una alocución televisada el ministro de Defensa, Vladímir Padrino López, hombre fuerte del régimen.

El jefe castrense reaccionó luego de que Venezuela denunciara que el buque USCGC James de la Guardia Costera estadounidense navegó el miércoles a 26 kilómetros de la costa del país, dentro de la “zona económica exclusiva”.

Un comunicado señaló que se le pidió a la nave abandonar el área, instrucción que fue “acatada”.

Agencias AFP y ANSA,

y Ámbito Financiero

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