Nadie puede quejarse de que Francisco no hable. No se recuerda un Papa más locuaz en público y en privado, especialmente cuando recibe a sus amigos de la Argentina a quienes suele dedicarles comidas y desayunos en su residencia de Santa Marta. Hay curiosidad, sin embargo, sobre la libertad con la que se expresa el Santo Padre, obligado a mantenerse en un equilibrio riesgoso por su función de jefe de una Iglesia de proyección mundial, con millones de feligreses, miles de obispos y sacerdotes y, además, bajo la lupa de los creyentes y no creyentes que le exigen a la Iglesia de Roma posiciones y actitudes que no les reclaman a otras confesiones. Por eso es útil leer el reportaje que el diario italiano La Repubblica le hizo al rector de la Universidad Católica Argentina, monseñor Víctor Fernández, a quien consideran en la Iglesia como el teólogo de cabecera de Francisco. Lo acompañó a Bergoglio en la cumbre de Aparecida y lo conoce como pocos. Apenas asumió Francisco designó a Fernández arzobispo, tras la postergación de las anteriores autoridades, con el propósito de que tenga voto en la Conferencia Episcopal. Fernández aclara las relaciones con los políticos y con la teología de la liberación. Damos los párrafos principales de ese reportaje clave.
Víctor Fernández, rector de la UCA de Buenos Aires, es considerado como el teólogo de cabecera de Jorge Bergoglio. En reportaje a un diario italiano dijo que nunca el actual papa fue crítico de Cristina de Kirchner en sus homilias y que no tiene aliados en la polítca.
"Creo que su relación con la presidente Kirchner no se ha interpretado correctamente. Algunos creían que algunas de las declaraciones de sus homilías eran ataques personales contra ella. Pero no es así. Por otra parte ningún político puede decir que tenga o haya tenido a Bergoglio como su aliado político, sea de izquierda o de derecha. Sus palabras pueden satisfacer a alguien hoy, pero mañana pueden ser leídas como ataques peligrosos. De hecho, creo que todo el mundo tiene algún tipo de poder, incluso de poder eclesiástico, pero nadie puede evitar sentir sobre sí el " estímulo" de Bergoglio, como una piedra en el zapato, porque él es y siempre será el intérprete de los que no tienen poder. En 2000 Bergoglio ha expresado su gran esperanza: "Que ese poder no sea un privilegio inexpugnable". "Esto es cierto para un presidente, un gobernador, un hombre de negocios, un cardenal, y también para los miembros de la Curia Romana. Su mensaje es el siguiente: si usted tomó el poder sin privilegios, ahora debe someterlo al control de los otros. Igual hay una cierta afinidad de Bergoglio con el peronismo que tiene que ver con dos cosas: el peronismo asume con fuerza la doctrina social de la Iglesia y entre sus valores está comprendida la cultura de los sectores más pobres de la sociedad. Por eso no significa que Bergoglio haya sostenido a un poder político determinado. Siempre ha tenido un diálogo cordial con todos los políticos".
"No se puede pensar que este Papa pueda defender una teología de la liberación sobre la base de un análisis marxista. Sin embargo, él se ocupará de cualquier defensa de la dignidad de los pobres y de la crítica de los sistemas económicos e ideológicos de cualquier especulación financiera, de toda absolutización de la libertad de mercado que termine creando nuevas injusticias. Por otra parte, los pobres no deber ser tanto objeto de una liberación obrada por otros más iluminados, sino que deben ser respetados como personas activas, con su propia cultura, con su modo personal de ver la vida, con sus rasgos religiosos".
"Yo no diría que es la amistad, pero sí una filiación. También hay una gran afinidad de ideas, para mí ha sido y es gran padre, que era capaz de reconocer y promover lo mejor de mí . Así tiernamente ha tolerado mis errores, la vanidad y la impaciencia, y siempre me empujó, sobre todo con su testimonio, a seguir madurando y creciendo. Puedo citar tres momentos especiales : uno fue en 2007, cuando volvimos de la V Conferencia del Episcopado en Aparecida , donde representé a los sacerdotes argentinos. Viajaba con él en el vuelo de regreso a Buenos Aires y durante tres horas discutimos algunas cuestiones que me han ayudado a entender su pensamiento. Otro momento importante fue en su oficina, cuando algunas personas anónimas en el Vaticano habían enviado ciertas críticas de tres de mis artículos . Pero después de un año y medio las respuestas que me iba a enviar para aclarar no parecían convincentes. En esa ocasión tuvimos una gran conversación espiritual, en la que insistió en que levantara la cabeza y no perdiera la dignidad. Por último, mi encuentro con él en Santa Marta en agosto, cuando le di un abrazo ya como obispo".
"Francisco piensa que una Iglesia que quiere salir de sí misma y llegar a todos tiene necesidad de adaptar el modo de predicar. Por eso aplica un criterio que ha sido propuesto por el Concilio Vaticano II, muchas veces olvidado: la jerarquía de la verdad. El problema es que muchas veces los preceptos de la doctrina moral de la Iglesia son propuestos afuera del contexto que le dan significado, y eso hace que no manifiesten por entero el corazón del mismo mensaje".
"Por ejemplo, si un párroco en un año habla diez veces de moral sexual y solamente dos o tres del amor fraterno o de la justicia, es evidente que hay una desproporción. Si habla mucho contra el matrimonio homosexual y poco de la belleza del matrimonio. Si la invitación no brilla con fuerza y atracción, la moral de la Iglesia corre el riesgo de caer como un castillo de naipes. Y aquí está el mayor peligro".
"Está más allá de las discusiones teológicas sobre el Concilio, porque el Santo Padre está interesado en proseguir con el espíritu de renovación y reforma de la Iglesia que viene desde el mismo Concilio. Por ello está fuera de cualquier obsesión ideológica. Su intención es llevar la Iglesia fuera de sí misma para poder llegar a todos".
"No es un amor al sacrificio por sí mismo ni una obsesión por la austeridad sino de un desvestirse interior para poner a Dios y a los otros en el centro de la propia vida. Al papa Francisco no le gustan los sacerdotes príncipes, que realizan vacaciones demasiado costosas, o cenan en los mejores restoranes, con los objetos de oro ostentados en encima de los vestidos, o las visitas continuas a las personas potentes".
"Sobre la reforma en la Curia romana, considera que lo más importante no es tanto la simplificación de la estructura, sino de otras formas de participación (sínodos, conferencias episcopales, consulta a los laicos) que en los últimos años fueron más reales que formales". Esto requiere que algunos sectores de la Curia dejen de ser excesivamente jurídicos, inquisidores y al mismo tiempo majestuosos, corriendo el riesgo de volverse autorreferenciales. Algunas veces he oído a personalidades de la Curia usar el 'nosotros' sin incluir a toda la Iglesia, y ni siquiera al Papa, sino solamente a ellos mismos".
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