EN UNA PELUQUERÍA PIDIERON EL COLOR DEL CANDIDATO. HOY, MARCHA DE KIMONOS EN PLAZA DE MAYO
No cesa la inventiva de los partidos para los últimos días de la campaña. Las curiosidades se multiplican y los candidatos ya no temen, en lo más mínimo, hacer el ridículo. Pero hay actividades de campaña que se encaran como estrategias centrales que llegan a ser temerarias.
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Uno de los casos es el que protagonizó Francisco de Narváez. El candidato debe haberse arrepentido de una de las últimas incursiones que hizo esta semana en la campaña. Corriéndose unas cuadras de la provincia de Buenos Aires, se paseaba por Liniers cuando sus asesores de campaña lo perdieron de vista. El candidato había ingresado por su cuenta a las academias OLI, donde un grupo de jubiladas se hacía tintura, lavado y corte a bajo precio ya que se trata de un centro de estudios para futuros peluqueros que practican con cabelleras de clientes reales.
El entusiasmo por la visita de De Narváez fue tal, que varias octogenarias les pidieron a las profesoras que lograran imitar el color de pelo del candidato en los reflejos que practicaban los estudiantes.
Tintoreros
Por su parte, la Democracia Cristiana no cesa en su intento de sorprender al electorado. Cerrará su campaña con una marcha a la Plaza de Mayo junto con tintoreros de la colectividad japonesa para protestar contra lo que consideran una medida arbitraria del Gobierno de Mauricio Macri, que los obligaría a cerrar sus tintorerías tradicionales.
La conspiración tendría una beneficiaria: Silvina Michetti, hermana de Gabriela, la candidata, que es propietaria de una cadena de modernas tintorerías que, de acuerdo con la Democracia Cristiana, aspira a quedarse con el monopolio de limpiar la ropa.
Extraño que se haya elegido un tema de ese calibre para el fin de la campaña. Pero por si quedaba alguna duda, la convocatoria de ayer de ese partido la despejó: no sólo llaman a concurrir hoy a las 14 a la Plaza de Mayo, sino que piden que los militantes vayan vestidos con «kimono, yukata o yudoki» (todas vestimentas tradicionales de Japón), que preparen sushi para repartir y origamis en lugar de los clásicos panfletos partidarios. Todo un picnic nipón en la Plaza que todavía cuesta entender qué relación tiene con la lucha de la Democracia Cristiana en el mundo.
Resulta curiosa también la ausencia de militantes en los actos de partidos, al punto que para mostrar algún figurón en los palcos deben importarlo de otras provincias. Por ejemplo, ayer la izquierda porteña cerró su campaña con un acto en el usurpado Hotel Bauen, donde casi todos los presentes eran de otros distritos. Sólo parecían nacidos en la Capital Federal los dos primeros candidatos de la lista, ya que el resto llegó desde Córdoba y Buenos Aires.
No es el único caso: en Santa Fe, Agustín Rossi cerró la campaña en la que compite contra Hermes Binner y Carlos Reutemann con un acto que pobló de invitados que llegaron desde Buenos Aires. Así llenó el palco con 40 diputados kirchneristas puros, como Diana Conti, Patricia Vaca Narvaja, Carlos Kunkel, Juan Héctor Sylvestre Begnis o Remo Carlotto. Todos importados.
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