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“No distingo clásico y popular”
Para Berta Rojas, la música clásica debe romper sus fronteras con la popular, sin desvirtuar su esencia.
Periodista: ¿Por qué se estableció en los Estados Unidos?
Berta Rojas: Para acceder a estudios que aún hoy no se ofrecen en mi tierra. Hice una maestría en música en el Peabody Institute con Manuel Barrueco y, luego, el Graduate Performance Diploma. Quedarme después fue una opción.
P.: ¿Qué gana y qué pierde viviendo allí?
B.R.: De mi tierra tomo la fuerza para crecer. Y este proceso se generó en mi a partir del «techagau», que es una palabra guaraní que significa añoranza. Al irme me aferré más a mi país, por la búsqueda de una afirmación de mi identidad. Este año, por ejemplo, vuelvo siete veces a Paraguay. Mis proyectos hacen que esté en permanente contacto, y el Barrios Worldwideweb Competition es uno de ellos
P.: ¿Por qué hizo parte de su formación en Uruguay siendo su propio país una escuela de guitarristas?
B.R.: Me fui buscando la técnica y la pureza del sonido de Abel Carlevaro, la potencia de Barrueco, la intelectualidad de Eduardo Fernández. Y volví a mi país a buscar el sonido de mi tierra, de la mano de los músicos populares que tienen el conocimiento que no está en los libros. Esta enseñanza se la debo a Juan Falú, un maestro en el arte de acercarnos y unirnos. Luego de varias giras con el festival «Guitarras del Mundo» y el privilegio de hacer camino en dos giras con él, volví a buscar el «sonido paraguayo». Eso lo encontré tocando con el maestro Oscar Cardozo Ocampo -otro argentino aunque hijo de paraguayos-, quien me abrió esta puerta.
P.: ¿Qué lugar tiene la guitarra clásica en la actualidad?
B.R.: A partir del trabajo que hizo Andrés Segovia por convertir a la guitarra en instrumento de concierto, ha ido en ascenso para consolidar este espacio. El trabajo de Julian Bream con grandes compositores, y el de John Williams acercando diversos géneros a la guitarra, ampliando el espectro del público que pueda estar interesado en ella, la han hecho crecer mucho. En ese sentido, América Latina es una reserva creativa importante. El cubano Leo Brouwer es el gran ejemplo. Piazzolla es otro que, aunque escribió poco para la guitarra, su sonido tan característico la ha nutrido y enriquecido. Están también los aportes de Guastavino, Ginastera y, más recientemente, de Walter Heinze, Quique Sinesi, Juan Falú, Carlos Moscardini y Máximo Diego Pujol.
P: ¿Por qué mezcla en sus repertorios música popular y clásica?
B.R.: Me gusta el camino que hizo Williams de ir rompiendo fronteras sin desvirtuar la esencia.
P: ¿Cómo hace un guitarrista clásico para «competir» en sonoridad con la variedad y potencia de músicas que existen y se escuchan en la actualidad?
B.R.: No compite, se nutre de ella. Lo que hizo Agustín Barrios con «Mangoré» fue justamente esto: tomar la belleza de la música popular de nuestra América e, incorporándola a su música, lograr una síntesis hermosa.
P: ¿Qué la lleva a asociarse con otros músicos, como ahora con Paquito DRivera?
B.R.: Paquito una vez recibió una crítica del New York Times que decía. «Tiene un pie en la música clásica y otro en la música popular, y en ambos géneros, está en la cumbre». Y es así. Paquito se mueve muy cómodamente en estos mundos, y tiene la humildad de acoplarse a una guitarra, venir a su intimidad, y seguir sonando tan grande como siempre. Él había grabado música de guitarrista venezolano Antonio Lauro, por lo cual yo sabia de su afinidad con la guitarra.
P.: ¿Más allá de su actual recorrido con la música de Agustín Barrios, está trabajando en otros proyectos?
B.R.: Si. Ahora estoy en el proceso de grabar un nuevo disco. Sigo en la búsqueda de compositores emergentes de nuestra América y del mundo para grabar, como hice en mis discos «Terruño» y «Cielo Abierto» que, con excepción de unos pocos compositores bien establecidos como Gismonti, son gente con un talento y una sensibilidad única, que merecen ser más conocidos y tocados.
P: ¿Qué opinión le merece el festival «Guitarras del mundo»?
B.R.: Es una gran escuela de respeto entre géneros. Y nos enseña, con cada edición, que la música es una sola, ya sea clásica o popular Por eso, el hecho de que nuestra noche con Paquito en homenaje a Barrios esté acogida por el Festival Guitarras del Mundo, significa mucho para mí. Es volver a la fuente, al origen de este camino.
Entrevista de Ricardo Salton


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