- ámbito
- Edición Impresa
“No planteo el matriarcado ni el fin de los hombres”
Gioconda Belli: «Yo le criticaba a Hillary Clinton que en su campaña a la Presidencia no hubiera sido lo suficientemente femenina, que se quiso vender tan macha, que al final, las mujeres que hubieran podido apoyarla le tuvieron temor».
Periodista: ¿Su novela «El país de las mujeres» la pensó como una fábula, una utopía o una sátira?
Gioconda Belli: Como una posibilidad [se ríe]. Creo que hay ideas que pueden mover energías de manera positiva, y vengo de tantas desilusiones políticas, revoluciones con grandes sacrificios que al final de cuentas no resultaron, que empecé a pensar si no sería mejor plantearse cambios menos dramáticos, pero que tienen que ver con la manera en que vivimos, cómo vivimos. Pensé que para hacer un cambio así se requiere cambiar el género de quien realiza el cambio, porque hay una marcada tendencia masculina en el mundo de la política. Y las mujeres que entramos en política, muy a menudo tenemos que lidiar con las reglas de juego de los hombres. Recuerdo que con el tema de la paridad en Francia se dijo que no se daba porque no había suficientes mujeres que quisieran participar en política, que les da miedo, que lo veían como un territorio ajeno.
P.: Pero en las últimas décadas han ido apareciendo muchas presidentes, como Violeta Chamorro en su país.
G.B.: Esas mujeres entran en un campo minado, muy masculino, donde para poder llegar a ser presidentas tienen que mostrar primero que son tan buenas como cualquier hombre. Una mujer tiene que ser muy cuidadosa en política para que no le digan que es muy femenina. Yo le criticaba a Hillary Clinton que en su campaña a la Presidencia no hubiera sido lo suficientemente femenina, que se quiso vender tan macha, que al final las mujeres que hubieran podido apoyarla le tuvieron temor. Como ella es tan autosuficiente inspira temor. De todas estas cosas surgió que escribiera esta especie de sátira política. Era también remover todo este asunto del feminismo pero con humor.
P.: Si su libro «El país bajo mi piel» es la biografía de su paso por el Sandinismo, ¿este «país de las mujeres» es una biografía de sus ideas actuales?
G.B.: Es una biografía de mis sueños.
P.: Donde usted introduce datos de la realidad reciente de su país, por ejemplo ese curioso Partido de la Izquierda Erótica que usted dice que existió realmente.
G.B.: Un grupo de dirigentes nos estuvimos reuniendo para ver quá podíamos hacer cada una en su área de influencia, porque nos sentíamos desplazadas después de que triunfó la Revolución Sandinista. Además veíamos que no se expresaba en lo que tenía que ver con las mujeres, y si las mujeres no hacíamos algo, los hombres no lo iban a hacer por nosotras. Así fue que pensamos en un Partido de la Izquierda Erótica, y nos divertimos mucho. Fue un ejercicio muy creativo que nos hizo desarrollar una amistad entrañable entre todas las mujeres que participamos, que éramos funcionarias en distintos sectores del Estado, del Partido, del periódico, de Asuntos Civiles, Constitucionales, en clínica de mujeres, en televisión y radio.
P.: Para que las mujeres tomen totalmente el poder en su ficticio Faguas, tiene la ayuda de los gases de un volcán que saca la testosterona a los pobres hombres.
G.B.: No totalmente, se les bajan los niveles, pero los recuperan. Es un juego para dar humor a la novela, y un modo de vencer la incredulidad. Me planteé cómo hacía verosímil que las mujeres ocuparan todos los puestos del poder sin oposición de los hombres. Así fue como se me ocurrió este artificio de que se portaran muy bien porque estaban muy dóciles a partir del humo tóxico que lanzó un volcán. Eso ha pasado. No ha afectado concretamente a la testosterona pero sí ha provocado graves problemas. En Nicaragua el volcán Santiago tiene un humo tóxico que ha destruido toda una parte de la sierra de Managua creando un pueblo fantasma, un páramo desolado.
P.: Su utopía satírica esta bordada de guiños sobre hechos reales y críticas de soslayo al gobierno sandinista.
G.B.: Hay varios hechos reales y varias bromas privadas. Hay un magistrado en Nicaragua que tiene un pingüino. El presidente Ortega no ha querido usar la casa presidencial y atiende en la sede nacional del Frente Sandinista, que además colinda con su casa, y ha ocupado todo un barrio de Managua. No hay un foso medieval, pero casi. La realidad es más fantasiosa que la ficción. Y en la novela hay una cantidad de referencias a cosas que han sucedido y están sucediendo en Nicaragua. Juegos que me sirvieron para ilustrar la corrupción, el mal manejo, esas cosas que los personajes de mi historia quieren terminar en «El país de las mujeres». Si la información del gobierno fluye de manera abierta y limpia se disminuyen las posibilidades de la corrupción. Eso tiene que ver con el gobierno de Nicaragua, que se ha caracterizado por un secretismo absoluto. Daniel Ortega no ha dado ni una sola entrevista a un medio nicaragüense desde que tomó el poder en 2006. El sólo habla desde las tribunas.
P.: ¿Va colocando mails, recortes de diario, panfletos, para que el relato sea polifónico?
G.B.: El triunfo de un gobierno sólo de mujeres en el mundo generaría repercusiones. Quise ponerlas no narradas por las mujeres sino incluidas dentro del texto, por ejemplo, a través de un editorial de «The New York Times» o un reportaje. Pensé que eso le da mayor riqueza al texto, incorporando voces diversas, dado que la novela está contada desde la cabeza de Viviana, la presidenta, que está en coma luego de un atentado. Saber quién realizó ese atentado es una de las intrigas. Y Viviana en su padecimiento ha entrado en una especie de habitación donde están todos los objetos que se le perdieron en la vida. Esa mirada interna poblada de recuerdos, hacía necesario ver desde afuera lo que sucedió en el país de las mujeres. De ahí la narración de las propias mujeres, y de la sociedad hacia ellas.
P.: Esa técnica le permite ir ofreciendo retratos de las distintas mujeres que acompañan a la presidente.
G.B.: Y de un personaje muy importante que es José de la Aritmética, el feministo, el hombre que está viendo asustado cómo las mujeres toman el poder y las acompaña con el beneficio de la duda. Fue el personaje que me dio la novela, la primera voz que me apareció y me hizo intuir la historia.
P.: ¿Cómo surgió la teoría política del «felicismo»?
G.B.: Es el colmo que no podamos pensar en otra ideología, que estamos siempre patinando sobre lo mismo, sobre aquellas que fueron forjadas hace tanto tiempo. Teniendo en cuenta la crisis mundial y las necesidades que se plantean, habría que pensar otras propuestas. El «felicismo» es una burla al dogmatismo de tanta gente que cree que fuera de la ideología que ellos tienen no hay salvación. Y lo que importa no es la ideología sino que seamos felices, tener un mundo más integral, donde no haya separación entre la casa y el trabajo, lo público y lo privado, y una participación más igualitaria del hombre y la mujer en la vida doméstica. La novela no plantea el matriarcado ni el fin de los hombres. Más que feminista es hembrista. Queremos a los hombres y quisiéramos que participaran activamente, en un balance. Es intolerable las cosas que le siguen sucediendo a las mujeres en el mundo. Y tiene que haber conciencia de la importancia que tiene para el propio planeta, y para nuestra supervivencia como especie, que no sigamos justificando con el argumento de que es cultural o religioso lo que le pasa a las mujeres en muchas partes del mundo.
P.: Entre sus guiños, cuando retrata a las mujeres menciona a dos escritoras disímiles Corín Tellado y Virginia Woolf.
G.B.: Digo que Rebeca era esbelta como un junco, frase que usaba Corín Tellado y me divertía. Virginia Wolf es mi parte seria. Las mujeres tenemos muy mezcladas las lecturas.
P.: ¿Qué está pensando escribir ahora?
G.B.: Unas memorias como escritora, porque ya escribí una como luchadora política. He conocido tanta gente interesante, tantos escritores que marcaron mi vida. Puedo contar cuentos bonitos y explicar un poco la experiencia que significa vivir como escritor. Cómo el oficio va reformulando y matizando la vida de uno, y lleva a mirar las cosas de una manera distinta.
Entrevista de Máximo Soto

