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No ya subir; debe resucitar

Hoy arranca 2009 y aquello de que sea «próspero» quedó en la noche de los brindis. Nunca más hueca que en estos días sonó la expresión: la más repetida y la menos creída. En la Bolsa, arrancamos desde un par de metros bajo tierra. Solamente dependiendo de que no haya algún ruido extraño, que pellizque a la oferta y se lance a la venta. No hay defensa, es un arco vacío.
Por allí se puede empezar a entender el verdadero problema, que sólo se comenta en voz baja: ¿qué vamos a pretender con negocios así y un Gobierno que sólo muestra desprecio por el sistema? No lo ha dicho abiertamente, pero dio señales suficientes -inclusive con la ausencia oficial, en la fiesta de la Bolsa- de que le importaría nada que lo bursátil no esté. Hay una apretada madeja, que sólo conduce a una extinción virtual de un mercado con siglo y medio de historia. (Pero ellos pasarán. La Bolsa, no.)


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