15 de noviembre 2011 - 00:00

Nueva York: Pinta demostró el auge del arte latinoamericano

Una imagen de «Matiné», el video de la argentina Liliana Porter que dos museos neyorquinos compraron en Pinta. En la feria también se vendió a buen precio una emblemática obra de Marta Minujin.
Una imagen de «Matiné», el video de la argentina Liliana Porter que dos museos neyorquinos compraron en Pinta. En la feria también se vendió a buen precio una emblemática obra de Marta Minujin.
Nueva York - Los coleccionistas de arte latinoamericano tratan de llegar a Nueva York durante la segunda semana de octubre. Para ellos son los remates que las casas Sothebys y Christies dedican al arte de la región, y también la Feria Pinta, que cerró su quinta edición con un balance positivo. Para comenzar, con una muy emotiva sorpresa durante el bullicioso vernissage. Los diálogos se interrumpieron ante las potentes voces de una soprano y un tenor que cantaron a capella el tango «El día que me quieras». Con el tema de Gardel y Le Pera, neoyorquino por excelencia, hasta la respiración de centenares de personas atónitas, se detuvo.

El ministro de Cultura porteño, Hernán Lombardi llegó a Nueva York acompañado por tres jóvenes músicos del teatro Colón y, de este modo conquistó el ambiente del arte. Ambiente que, por otra parte, y es preciso subrayarlo, se ha tornado definitivamente internacional. Virgilio Garza, a cargo del departamento latinoamericano de Christies lo dijo con cifras. Hoy, la mitad de los compradores en las subasta de Latinoamérica son estadounidenses, mientras hace una década casi todos pertenecían a nuestra región,

«La cuestión es compleja», señaló al referirse a este tema el rosarino Carlos Basualdo, curador del poderoso Museo de Arte de Filadelfia, cuya ascendente trayectoria se consolidó cuando presentó a Barnett Newman en el pabellón de EE.UU. y así ganó el León de Oro de la Bienal de Venecia. La complejidad se debe a que los cruces entre latinoamericanos y estadounidenses no son tan recientes, en realidad son históricos. La muestra «Imán: Nueva York» de la Fundación Proa, comenzó a investigar esta relación Norte-Sur, y Pinta presentó en la edición 2010 el catálogo durante un instructivo coloquio.

El sábado pasado, en el fascinante escenario de la Morgan Library, durante una conferencia también organizada por Pinta, Basualdo puso el acento en lo importante que resulta para el Museo de Filadelfia incrementar la colección de arte latinoamericano. Consultado acerca de la posibilidad de que un museo rico en obras de Duchamp y conocido en todo el mundo por este patrimonio, condicione sus adquisiciones y compre obras conceptuales, Basualdo aclaró que no. Pero destacó el diálogo que entabla una obra como la de Víctor Grippo con las del Museo.

Sin duda este vínculo entre EE.UU. y Latinoamérica, además de la excelencia de su pintura y el glamour de una vida aventurera, es lo que empinó las cotizaciones de la cubana Carmen Herrera que fue amante de Wifredo Lam y Barnett Newman. Una galería de Nueva York ofrece un cuadro por 200.000 dólares y según relata el art dealer Rodrigo Cañete, «bien se puede decir que su carrera comenzó a sus 90 años en la primera edición de Pinta Londres. Nicholas Longsdail galerista de Lisson, le propuso que ingresara en su staff y a partir de entonces sus precios pegaron un salto».

Mercado

Entretanto, mientras el coleccionismo de arte latinoamericano se expande, también crecen las cotizaciones y las expectativas del mercado. El tema de Pinta, más allá del clima que generaron las ventas de un Botero en 440.000 dólares y las compras de los museos y coleccionistas, giró alrededor de la repercusión de la crisis financiera y la respuesta de los compradores. «El dinero es cobarde», observó escéptico, Karin Makarius, aunque su sociedad con la galería de fotografía Throckmorton de Nueva York, conocida por su extensa colección de autores como Cartier Bresson, Tina Modotti o Manuel Álvarez Bravo, atrajo a una coleccionista como Ella Fontanals Cisneros.

«Los caminos del arte y las finazas se bifurcan, no se comportan de igual manera», aseguró un experto con optimismo, y fundamentó su posición. En los últimos días el arte impresionista, moderno y contemporáneo batió nuevos récords. Es evidente que desde la crisis económica de 2008, la incertidumbre de los mercados financieros no afectó las ventas del arte. En el remate de arte contemporáneo de Sothebys recaudaron 316 millones de dólares y alcanzaron precios records las pinturas de Clifford Still y Gerhard Richter. En las ventas de Christies dedicadas al arte impresionista, moderno y contemporáneo, cosecharon 500 millones y hubo records que van desde una «Araña» de Louise Bourgeois hasta una obra surrealista de Max Ernst.

Lo cierto es que hoy comienzan los remates de arte latinoamericano y en este territorio es fácil descubrir que los caminos se bifurcan. Sencillamente, se trata de un arte cuya cotización es extremadamente baja si se toma en cuenta la calidad, y basta cotejar el precio de Picasso con el de Diego Rivera o Torres García. Los resultados de las ventas recientes de Christies rondan entre los 20 y 30 millones de dólares por subasta. Poco dinero, pero Virgilio Garza observa con énfasis: «¡Hace 10 años vendíamos 10 millones en el año!». Ahora, con el auténtico frenesí por el arte cinético y geométrico que se ha desatado entre los coleccionistas latinoamericanos, pagaron por una obra de Le Parc 500.000 dólares.

Con este horizonte por delante, el arte de Latinoamérica no hace otra cosa que escalar posiciones.

Dos museos de EE.UU. compraron en Pinta el video «Matiné» de Liliana Porter, que ya tiene un émulo llamado Lugo que se apropió de su estética. Finalmente, entre las numerosas ventas, la foto «Pago de la deuda externa de Argentina con choclos a Andy Warhol», de Marta Minujin, también se vendió a buen precio.

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