Una escena de «Olimpíadas», de Magalí Bayon, que al igual que otro de los cortos ya había iniciado carrera independiente en el Festival de Mar del Plata.
«Historias breves V» (íd., Argentina, 2009, habl. en esp.); Dir.: G. Rothschild, A. Yurcovich, M. Ladd; Int.: M. Piroyansky, C. Fuks, E. González, F. Acuña, A. Ayala, S. Pángaro.
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Sorpresivamente se estrena la quinta edición de «Historias breves», prestigiosa serie de cortos surgida allá por 1995 gracias al impulso de Bebe Kamin. La mecánica es la misma: los ganadores de un concurso nacional de guiones organizado por el Incaa reciben como premio el dinero y la asesoría para concretar esos guiones, y luego se estrena el resultado. La idea original fue hacer un concurso y un compilado por año, pero sucesivas inestabilidades hicieron reducir las expectativas. En vez de anuales, las «Historias Breves» se han hecho «cuandopuedarias».
También el público fue reduciendo sus expectativas. Esa primera edición tuvo mayoría de cortos antológicos, y casi todos sus autores siguieron en el oficio, algunos inclusive con largos interesantes, y carreras destacables (Burman, Caetano, Martel, Gugliotta, Bruno Stagnaro, etc.), en tanto las siguientes ediciones tuvieron menos cortos destacables, y, de éstos, sus autores sufrieron épocas menos propicias para iniciar carrera. Baste citar a Diego Sabanés, cuyo «Mentiras piadosas», sobre cuentos de Julio Cortazar, sigue sin canal de salida.
Como sea, no había por qué presentar esta quinta edición así nomás, de una semana para la otra. Se descuida todo el esfuerzo previo, y los sueños de los jóvenes, justo ahora que cada vez se sueña menos. Y eso que hay buenos trabajos, algunos de los cuales no esperaron y ya salieron por ahí a lucirse solos, como «Olimpíadas» (Magalí Bayon), «Un vaso de soda» (Adriana Yurcovich), «Toro verde» (Laura Durán), reciente ganador de las Jornadas de Uncipar, y «Los extraños» (Sebastián Caulier), una situación de misterio jugada por varias chicas con entonación coherentemente extrañada, junto a una piscina.
Hay otros cortos alrededor de una piscina, una muchacha de aire distante hasta en el momento de su iniciación sexual, como si ya estuviera practicando para aburrirse de casada, vagos de vacaciones, pibes chorros, y también cortos volcados a la experimentación: extrema con el juego de gato y ratón en «Blanco i negro» (Fernando Saviamarina), a pantalla dividida siguiendo las desinteligencias de dos amigas en «Lloronas» (Lía Dansker, buen oído para el diálogo), y a pleno montaje en el drama, previsible pero temible, de un buen marginal que no tiene con quién dejar al hermanito la noche de un asalto: «Pibe's», de Martín Ladd. Convendría, tal vez, seguir a este autor, que ya tiene un largo inédito, y sus colaboradores.
Párrafo aparte, la joyita de la selección: «Un juego absurdo», de Gastón Rothschild, gracioso, original, y certero dislate logradamente retro, con Martín Piroyansky explicándole al público sus cuitas adolescentes para encarar a la muñequita Eliana González, nada menos. Hay lindas participaciones especiales, y el remate con moraleja lo hace Sergio Pángaro. Ese solo corto ya vale la mitad de la entrada.
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