26 de febrero 2009 - 00:00

Obama apunta contra subsidios “a los grandes agronegocios”

El ex gobernador de Washington Gary Locke, y el vicepresidente, Joseph Biden, escuchan a Barack Obama, cuando el mandatario hizo pública ayer la designación del primero como secretario de Comercio. Ese puesto fue el más problemático del nuevo gabinete, ya que el primer candidato debió renunciar por sospechas de corrupción, y el segundo, un republicano, adujo disidencias insalvables con el gobernante.
El ex gobernador de Washington Gary Locke, y el vicepresidente, Joseph Biden, escuchan a Barack Obama, cuando el mandatario hizo pública ayer la designación del primero como secretario de Comercio. Ese puesto fue el más problemático del nuevo gabinete, ya que el primer candidato debió renunciar por sospechas de corrupción, y el segundo, un republicano, adujo disidencias insalvables con el gobernante.
Washington - En el marco del reordenamiento presupuestario y el plan de reactivación económica, el presidente Barack Obama anunció una batalla de lleno contra un tramo de los subsidios agrícolas, a la vez que ultima una reforma al sistema financiero que, por ejemplo, obligará a los directivos de casas bancarias a responder por sus actos. Durante el discurso pronunciado ante el Congreso de su país el martes por la noche, el mandatario demócrata dijo que se acerca el final de los «pagos directos a grandes agronegocios que no los necesitan».
En un discurso ante el Congreso, Obama dijo que la Casa Blanca ha identificado 2 billones de dólares en derroches y gastos ineficaces, incluidos innecesarios pagos directos a grandes negocios agrícolas por u$s 5.200 millones.
«En este presupuesto, nosotros terminaremos con los pagos directos a grandes agronegocios que no los necesitan», dijo el presidente, pero no explicó cuánto dinero se ahorraría con la medida o cómo se estructuraría.
La propuesta se hace eco de uno de los puntos principales de su campaña presidencial, pero otras similares se han desvanecido con frecuencia ante la oposición de legisladores provenientes de estados agrícolas.
El ex presidente George W. Bush, por ejemplo, apoyó infructuosamente un límite de 250.000 dólares anuales a todos los pagos para explotaciones agrícolas.
Los subsidios para los cultivos y la producción láctea están estimados en 7.500 millones de dólares en 2009, dos tercios de ellos por pagos directos, y ése podría ser un sector afectado, según especulaban ayer voceros agropecuarios. Un portavoz del Departamento de Agricultura declinó hacer comentarios sobre la propuesta de Obama.
«Sería necesario un cambio en la política agrícola», dijo Jim Lyons, de Oxfam America, quien afirmó que los excesivos subsidios que paga Estados Unidos significan precios más bajos para los productores agrícolas en el extranjero.
Los recortes en los pagos que Estados Unidos hace a las grandes explotaciones agrícolas podrían equilibrar la balanza para los pequeños productores de todo el mundo, dijo Lyons.
Paralelamente, se conocieron detalles de la reforma para el mundo financiero que procurará que no se repita la crisis que puso en jaque a la economía mundial.
Tras una reunión con sus consejeros económicos, entre ellos el secretario del Tesoro, Tim Geithner, y el consejero de la Casa Blanca, Larry Summers, Obama ideó una reforma con siete puntos centrales.
El presidente dijo que, primero, las instituciones financieras tendrán necesidad de una mayor y efectiva vigilancia gubernamental, sobre todo si la Reserva Federal (Fed), en cuanto prestador de última instancia, proporciona recursos de los contribuyentes.
Segundo, el sistema de vigilancia deberá ser bastante fuerte para resistir a las tensiones y en caso de fracaso de una o más instituciones financieras.
Entre otros puntos, se destacan una mayor transparencia de los mercados además de una mayor responsabilidad de los directivos de las instituciones financieras, quienes deberán responder por sus actos y sus decisiones.
El último de los puntos sobre el que el presidente insistió es el del carácter internacional de la crisis actual, con la necesidad de convencer a los demás países a tomar medidas análogas a las de Washington.
Una vez más, Obama excluyó cualquier voluntad de transformar a la economía norteamericana en una entidad pública.
«La elección no es entre una economía controlada por un Gobierno opresivo -dijo Obama- y un capitalismo caótico que no perdona. Los mercados financieros fuertes requieren reglas claras, no para obstaculizar las instituciones financieras, sino para proteger a los consumidores y los inversores».
Por otra parte, el Departamento del Tesoro anunció ayer que someterá a un «test de estrés» a 19 de los principales bancos del país con problemas financieros para evaluar cuánto dinero necesitan para sobrevivir a la escasez del crédito y la falta de liquidez.
El Tesoro indicó que los bancos deben presentar un plan al Gobierno en el que expliquen cómo van a usar los fondos públicos que reciban en aras de «fortalecer su capacidad de préstamo».

Dejá tu comentario