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Obama respira: desempleo sorpresa
José Siaba Serrate
Ya se dijo hasta el cansancio: la economía se recupera, los empleos, no. En los albores de una convalecencia, no hay contradicción. Es el tránsito obligado en la hoja de ruta de toda recuperación. La economía que crece es el caballo que debe tirar del carro. Las políticas públicas empujan con fuerza del caballo. Si se persevera, caballo y carro zafarán del atasco y subirán la cuesta. Cabe esperar que sea primero uno y, recién después, el otro. Se escribió así después de la mala noticia del desempleo del 10,2% de octubre. «La economía crece y lo hace rápido... Los progresos del mercado laboral van a la zaga. Son lentos y magros. No incluyen ni la generación neta de empleo ni la sensación de mejoría. Pero no corresponde negarlos». Noviembre tampoco creó puestos de trabajo, pero sí instaló, por vez primera, la noción clara de una mejoría.
Vaticinio
Se sabía, de antemano, que octubre había destruido 190 mil puestos de trabajo, que los últimos tres meses a esa fecha, la guadaña había cercenado 188 mil promedio, y se vaticinaba que noviembre aportaría un leve respiro: una probable merma de sólo 125 mil empleos. Todo ello se probó errado. Por amplio margen. Ya se aprende aquí una lección. Toda cifra es provisoria, susceptible de ser corregida; con ladrillos así sólo se puede construir una visión tentativa, sin certezas rotundas. De ahí que tampoco los guarismos de noviembre pueden tomarse por definitivos. ¿Cuán creíble resulta la pérdida de 11 mil puestos de trabajo cuando una medición alternativa que guarda una correlación estrechísima -la que elabora la firma ADP, la mayor procesadora de pagos de haberes de los EE.UU.- anticipaba un raleo de 169 mil en el sector privado? Desde ya que los siete mil conchabos públicos -que están fuera de la muestra de ADP- no cierran la brecha. El tiempo dirá. Es muy probable, y es lo que suele ocurrir con los resultados tajantes, que las cifras converjan una vez que se revisen (no sólo porque suba la estimación oficial, vale también la posibilidad de una baja en los números de ADP). Lo importante es que la tendencia de mejora es verosímil -está presente cuando se consultan otras fuentes independientes- y además se acentúa.
Una golondrina no hace el verano, pero aquí aparecieron, por lo menos, tres diferentes. La revisión de setiembre y octubre aportó un aumento de 159 mil plazas en las nóminas. En vez de deglutir 219 mil empleos netos, setiembre consumió 130 mil. En octubre, los 190 mil ya citados se transformaron en 111 mil. El promedio agosto-octubre de pérdidas de empleos menguó de 188 mil a 135 mil como fruto, no del azar, sino del procesamiento de mayor información disponible. Hay razones para suponer que noviembre involucró una sustancial mejoría, como la caída vertical de los pedidos de subsidio de desempleo verificada semana tras semana. Tomando en cuenta el cuadro modificado de setiembre y octubre, no sorprende una destrucción de puestos de sólo dos dígitos en noviembre. No los 11 mil publicados, pero sí una cifra entre 70 mil y 90 mil. Curiosamente, la encuesta de hogares, que se traza en paralelo al sondeo de las compañías, no detectó una merma, sino un aumento de empleos de 227 mil (que ayudaron a bajar la tasa de desempleo al 10%).
Viraje
Su aptitud específica, que quede claro, es la de medir la desocupación y no el empleo, pero aun así se puede rescatar, también aquí, que noviembre protagonizó un viraje de gran significación. Lo que no deja de ser una fina ironía: la recuperación de la economía se desaceleró el mes pasado justo cuando el mercado de trabajo tomaba impulso.
Con las dos variables anticipatorias por excelencia del mercado laboral encendidas en luz verde -los pedidos de subsidios de desempleo y las horas trabajadas (que dieron, por fin, un salto decidido, que las devolvió a los niveles más altos desde julio)-, la recuperación efectiva del empleo está más a tiro que lo pensado. El Partido Demócrata puede tranquilizarse. ¿Significa que, a la par, el horizonte de vigencia de las políticas de estímulo se acorta en igual proporción? ¿Cómo explicar las tribulaciones del oro, el viernes, que después de trepar desaforado, como si no existiese un mañana sin altísima inflación, desfallece cuando se da el primer paso y se descongela el empleo? La partitura no cambia. No todavía. Sólo para que el desempleo se mantenga en el 10%, la economía debería crear 130 mil puestos nuevos de trabajo cada mes. Es muchísimo lo que resta por batallar. No cabe bajar la guardia.

