Pero el éxito de sus dos mayores apuestas en la arena internacional dependerá mucho del Congreso, que puede "matar" el acuerdo sobre el programa nuclear iraní, en palabras de Obama, y por otro lado no está dispuesto a levantar el bloqueo económico contra Cuba, cuya continuidad impedirá una normalización plena de la relación bilateral.
Apenas se anunció el jueves en Lausana (Suiza) el acuerdo nuclear preliminar entre el G5+1 (China, EE.UU., Francia, Reino Unido y Rusia más Alemania) e Irán, Obama compareció desde la Casa Blanca para defenderlo sin reparos y luego insistió en que es, "de lejos", la mejor opción para su país, sus aliados y el mundo entero.
En su tradicional mensaje de los sábados transmitido por radio e internet, Obama repitió que es "un buen acuerdo" que cumple "objetivos fundamentales" de EE.UU. como las "limitaciones estrictas" al programa de Irán y "cortar" a ese país el camino hacia el desarrollo de armas nucleares.
"La diplomacia es un trabajo minucioso. El éxito no está garantizado. Pero tenemos una oportunidad histórica para evitar la propagación de armas nucleares en Irán, y hacerlo pacíficamente y con el firme apoyo de la comunidad internacional", declaró.
El acuerdo preliminar de Lausana, cuyos detalles técnicos y legales deben negociarse hasta el próximo 30 de junio, es por sí solo "un logro significativo" para Obama, según comentó Aaron David Miller, un experto en Medio Oriente que asesoró al Gobierno de Bill Clinton en el proceso de paz palestino-israelí de los años 90, a la cadena CNN.
Ahora Obama debe tratar de vender ese logro al Congreso estadounidense, controlado totalmente por los republicanos desde enero pasado y donde la oposición a casi cualquier tipo de entendimiento con Irán se remonta a cuando comenzaron las negociaciones entre las potencias del G5+1 y Teherán hace un año y medio.
Los republicanos, pero también numerosos demócratas, quieren tener voz, poder de decisión sobre el acuerdo y ser tomados en cuenta en puntos clave como el del levantamiento de las sanciones que pesan sobre Irán.
Mucho más difícil le resultará a Obama convencer de las ventajas del pacto con Irán al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, quien ya lo ha rechazado porque lo considera una amenaza a la "supervivencia" de su país y a la seguridad mundial.
Frente a las dudas que despierta el acuerdo con Irán no sólo en Israel, sino también entre los socios de EE.UU. en el Golfo Pérsico, el histórico acercamiento a Cuba anunciado por Obama en diciembre fue bien recibido de manera unánime a nivel global, y en particular entre los países latinoamericanos y caribeños.
A diferencia de lo que ocurre con Irán, analistas como Roberto Izurieta, profesor de la Universidad George Washington, creen que a Obama no le conviene "vender en exceso" el proceso para la normalización de las relaciones con Cuba. "Ese proceso será siempre más efectivo mientras menos notorio y público sea", indicó.
Tres reuniones oficiales se celebraron hasta la fecha sobre la normalización y la esperada reapertura de embajadas, la última de ellas bajo total hermetismo en La Habana; y del encuentro "preliminar" sobre derechos humanos celebrado la semana pasada en Washington no hubo más información que un par de comunicados.
Conforme se acerca la Cumbre de las Américas de Panamá, en la que habrá algún tipo de "interacción" entre Obama y su homólogo cubano, Raúl Castro, según la subsecretaria de Estado estadounidense para Latinoamérica, Roberta Jacobson, crecen las expectativas de anuncios sobre las embajadas o la salida de Cuba de la lista de patrocinadores del terrorismo que elabora EE.UU.
En cualquier caso y pese a las peticiones de Obama, ni siquiera se ha iniciado en el Congreso estadounidense un debate sobre la posibilidad de levantar el embargo económico que pesa sobre Cuba desde hace más de medio siglo.
| Agencia EFE |


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