«Estoy harto de que nos ninguneen. No vamos a aceptar invitaciones masivas. Nos quieren meter en una bolsa y despacharnos como clientes de una panadería. El diálogo se da en el Congreso, que Randazzo venga y hablamos de todo». Así respondió ayer el radical Gerardo Morales, presidente del Comité Nacional partidario a la convocatoria al diálogo político que lanzó el Gobierno en boca del ministro del Interior.
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Morales no habló sólo por él mismo, aunque la respuesta al Gobierno aún no es oficial por todo el Acuerdo Cívico y Social. Pero más temprano había hecho consultas con Elisa Carrió, buena parte del radicalismo y hasta Julio Cobos, aunque sin discutir el tema con el socialista Rubén Giustiniani. En todos los casos le ratificaron el rechazo a que se convocara a ese grupo de partidos que llegó a una cosecha de 80 diputados en las últimas elecciones, junto a aliados del Gobierno sin representación que consideran sólo un «sello de goma».
Infructuoso
Esas mismas llamadas incluyeron al macrista Federico Pinedo: después del resultado de las elecciones de junio y la agenda compartida de temas que todos pretenden imponerle al Gobierno, los radicales hicieron lo imposible por mantener unida a toda la oposición, un esfuerzo que hasta anoche no rendía frutos.
Esa cuestión no es menor. Hasta ahora, la oposición parecía un paredón imbatible por unidad de criterios en el Congreso que amenazaba con convertirle los recintos al Gobierno en un infierno de votaciones en contra. Sobre todo después del recambio del 10 de diciembre. Eliminación de los superpoderes, reforma en la distribución del impuesto al cheque, Consejo de la Magistratura, Presupuesto 2010 y hasta el subsidio universal para la niñez de Elisa Carrió son hasta ahora un discurso uniforme que sostienen todos. Pero si la Casa Rosada consigue, a través del diálogo, meter una cuña en esa unidad, el panorama puede cambiar.
La convocatoria del Gobierno al segundo partido en cantidad de votos y bancas en el Congreso llegó tarde y por la vía equivocada. La secretaria de Florencio Randazzo llamó a las oficinas de Morales y ni siquiera tuvo éxito en encontrarlo o dejarle algún mensaje.
Lo que pretendía el líder de la UCR era un trato más igualitario entre fuerzas que habían competido en las elecciones y en el que pretendían, inclusive, consensuar una agenda de temas para debatir.
Sospecha
Pero en la respuesta de Morales también se incluyó una sospecha sobre las verdaderas intenciones del Gobierno: «Hemos sacado 5,8 millones de votos. Lo mínimo que pretendemos es respeto. Esto es para arreglar la interna del PJ, para resolverles el problema a ellos y a eso no nos vamos a prestar», bramaba ayer Morales.
Nada indica, de todas formas, que el round esté terminado. Carrió y los radicales exigen dialogar en el Congreso. «El lugar de debate, discusión y eventual consenso sobre la política económica, social, productiva y de reforma de los partidos políticos es el Parlamento nacional. Por tanto, es allí adonde debe dirigirse el ministro si desea dialogar con las fuerzas parlamentarias», había dicho Carrió más temprano a través de un comunicado.
Eso implica respetar la representatividad de cada fuerza. De ahí que ahora comenzará la ronda de consultas internas: «Primero vamos a hablar el miércoles en el partido y después tengo que hablar con la Coalición Cívica y el socialismo», dijo ayer Morales.
Y el socialismo apunta nuevamente a ser un problema a la hora de tomar decisiones dentro del Acuerdo Cívico y Social. Giustiniani y Hermes Binner siempre se movieron con independencia de las resoluciones que tomó el eje Carrió-Morales, y todo indica que esta vez no será la excepción. Ayer, el senador reelecto por Santa Fe quedó a mitad de camino entre la aceptación al convite y la imposición de condiciones que fijaron los radicales y la Coalición Cívica: «Todavía no hemos recibido ninguna invitación y llegado el caso la evaluaremos. Pero a nosotros, que hemos sostenido que el camino de la confrontación es estéril, nos parece necesario el diálogo con los partidos políticos. Y para él deben tenerse en cuenta la infinidad de proyectos que tienen estado parlamentario en el Congreso».
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