- ámbito
- Edición Impresa
“Ojalá mi historia tenga algo de Roberto Arlt”
Sguiglia, sobre el narcotráfico: “Hace tres años, cuando empecé a borronear la novela, no era como ahora. Pero ya era motivo de conversación en Rosario”. Hoy “es un fenómeno presente en la sociedad santafesina, y ojalá se resuelva”.
Periodista: ¿Cómo aparece en usted la idea de unir un atentado contra Videla preparado por el ERP con un suceso actual del sicariato del narcotráfico?
Eduardo Sguiglia: En marzo de 2011 tuve que viajar a Rosario para atestiguar en el juicio por Crímenes de Lesa Humanidad que le estaban llevando a cabo a Díaz Bessone y a otros integrantes de la policía de los setenta. Fue un viaje muy conmovedor por el tipo de testimonio que tuve que dar y por los que escuché, y porque tuve la oportunidad de reencontrarme con algunos pocos viejos amigos y gente de la militancia de aquellos años. La última tarde nos hicimos tiempo para tomar algo en un bar. Ahí aparecieron historias, relatos, comparaciones, el ¿qué hubiera sucedido si no hubiera pasado lo que pasó?, el ¿qué hubiese ocurrido si no hubiéramos cometidos los errores que cometimos? Habia el final volvimos a la actualidad y acaparó la conversación el fenómeno del narcotráfico que estaba sacudiendo a Rosario. Para mí fue muy impactante porque si bien ya no vivo en Rosario, yo nací y crecí allí. A la vuelta empecé a urdir cómo podía hilvanar esas dos historias en una novela, y escribí los primeros tres capítulos. Definí los personajes. Uno, Miguel, lo tenía de mi novela anterior, había "trabajado" en "Ojos negros". Descubrí el camino que me permitía ir enlazando las dos historias, y me dejé llevar por la vida de los personajes. Uno siente al principio que es quien juega todas las cartas, después los personajes cobran vida propia y van imponiendo su existencia.
P.: En "Los cuerpos y las sombras" vuelve a mezclar novela histórica y ficción como en "Fordlandia", su novela más emblemática, que en Estados Unidos proyectaron llevar al cine.
E.S.: Es curioso cómo habiendo pasado tanto años "Fordlandia" sigue teniendo repercusiones, hace dos días me llega un mail de la Universidad de Arkansas en el que me pedían autorización para reproducir un párrafo. Gusta la historia de ese argentino que va a trabajar en el proyecto utópico de Henry Ford y vive las razones y el fracaso de construir una ciudad colosal en medio de Amazonas para autoproveerse de caucho. "Fordlandia" estuvo muchas veces por ser llevada al cine pero se llegaba a un presupuesto enorme, por el elenco y el tipo de producción. Ahora está por hacerse como serie para televisión con capitales estadounidenses y se filmaría en Brasil. Todas mis historias tienen una localización, para decirlo en lenguaje cinematográfico. "Fordlandia" transcurre en el Amazonas, "Un puñado de gloria" en Perú, "Ojos negros" en África. Ahora quería volver a los pagos, y si bien "Los cuerpos y las sombras" no la desarrolla en Rosario, sucede cerca de allí. Sentía la deuda de escribir algo que ocurriera aquí y ahora.
P.: Esa es la diferencia con sus novelas anteriores, tanto al tratar del narcotráfico como en la revisión crítica de sucesos de la década del 70.
E.S.: Sigo con interés el debate sobre los 70. Me parece que han aparecido textos interesantes, que vale la pena discutirlos, y otros que no me interesan porque omiten o minimizan el proceso previo y el contexto en el que se vivió. En esa época yo tenía 20 años y no podía razonar con la cabeza que tengo hoy. La generación de Hemingway, de Scott Fitzgerald, se llamaba a sí misma "La generación perdida", ¿perdida? ¿cómo perdida si vivían en París, si escribían obras notables? Ellos se sentían así. Si se descontextualiza, si no se piensa qué les pasaba en aquel momento, es muy difícil comprenderlos. Si el debate actual se lo contextualiza da para descifrar cómo es nuestro país, cómo es nuestra sociedad, cómo se movían los factores sociales, y eso me parece interesante. Si se lo toma como hecho aislado resulta increíble, pobre en cuanto análisis. Los dos tipos que se encuentran en la novela hacía treinta años que no se veían, y se cuentan lo que fue su vida desde entonces hasta acá. En Alemania hay cada tanto algún homenaje a los tipos que intentaron atentar contra Hitler, se han hecho películas, libros, tienen hasta un monumento. Uno de mis personajes dice: nosotros fracasamos, pero ¿qué hubiese pasado en la Argentina si salía bien el atentado? ¿Cuál hubiera sido nuestra historia? Y el otro le trata de dar respuesta como puede. En cuanto al narcotráfico me parece un tema serio para el país, y grave para nuestra sociedad.
P.: ¿Qué lo llevó a prever la violencia actual de los narcos en Rosario?
E.S.: Hace tres años, cuando empecé a borronear la novela, no era como ahora. Pero ya era motivo de conversación en Rosario. En los bolsones de pobreza y de marginalidad, que en Rosario abundan como en todo el país, un chico de la calle tenía la posibilidad de ganar equis veces más vinculándose a esas bandas (con la carga negativa que eso tiene para su vida y para su familia) que buscando un trabajo, si lo consigue. Es un fenómeno presente en la sociedad santafesina, y ojalá se resuelva.
P.: ¿Planeó "Los cuerpos y las sombras" cómo un thriller histórico?
E.S.: Un amigo me dice "tus novelas son de aventuras con segunda". Y me explica que son "con segunda" porque los personajes tienen otros problemas. De ésta se dice que es un thriller, de "Fordlandia" y de "Ojos negros" que son de aventuras, a mí me gusta lo que dice mi amigo, los personajes tienen un pasado pesado, son gente pensante, reflexionan. No sé a qué género pertenece eso. Otro amigo explica que el género de aventuras es aquel donde le ocurren al personaje central una serie de peripecias fuera de su vida corriente o fuera de su contexto normal. Entonces "Los cuerpos y las sombras" no es de aventuras, más bien es un thriller, parangonando a mi amigo, con segunda. Yo lo que sé es que cuando estoy escribiendo me entretengo, y espero que a los lectores le pase igual al leerme.
P.: Es curioso que teniendo novelas con repercusión internacional, con traducciones a varias lenguas, no aparezca habitualmente en la lista de escritores argentinos.
E.S.: No formo parte de ningún grupo. Sé que hay un montón de muchachos y chicas que escriben muy bien, pero como ocurre en otras esferas de la vida (conozco la de la política, la de la diplomacia, la de la economía) tienen su rosca, conviven, discuten, se apoyan, viajan. A mí me parece bien lo que decía el poeta José Luis Mangeri: los libros se defienden solos. Yo no pertenezco a esa escena, y no la desdeño ni la subestimo. Creo que hay gente valiosa, muy simpática, pero no la frecuento. Sé que eso tiene un costo. Si uno hiciera eso en las otras esferas que mencioné está muerto. En la literaria debe ser en parte igual. Los grupos tienen su dinámica, sus críticas mutuas. Como explicó Bordieu esos campos tienen sus códigos, sus estrategias, sus desarrollos, y hay que saber ese juego. Yo los respeto, que hagan su juego. Yo no siento esa necesidad. Mientras me divierta con lo que hago y divierta a algunos lectores de la Argentina y de otras partes del mundo, y me publiquen, para mí está bien. Estoy contento por los amigos que me ha dado, y que algunos como Leonardo Padura, la española Ana María Aguiar o la italiana Laura Parian, y un montón más, paren en casa cuando vienen por acá.
P.: ¿Cómo consiguió el ritmo narrativo de su novela?
E.S.: Tuve una idea que me permitió trabajar un ritmo sostenido. Se me ocurrió una escena que remite a la adolescencia. Me gustaba mucho escuchar teatro o novelas leídas por radio. Pensé que mi novela podía tener ese estilo. A un grupo de actores le llega el manuscrito, sin autor y sin título, y como les gusta, la leen por radio, y para su sorpresa al final los llaman dos o tres personajes de la historia. Era interesante, mostraba cómo la ficción se puede meter en la realidad. "Los cuerpos y las sombras" la escribí con esta estructura, y después la pulí, la dejé como "un thriller con segunda", y me guardé esa idea para una novela futura.
E.S.: ¿Cuál es la próxima, entonces?
E.S.: Los argumentos a veces surgen al pasar. Hace un tiempo me contaron una historia barrial chiquita. Muy trágica pero que me hizo reír. Me gustó porque es como el compendio de la runflería argentina. Acaso, tenga algo de arltiana. Arlt es un grande de nuestras letras. Cuando estuve de embajador en Angola, en 2005, hice un centro cultural y le puse Roberto Arlt. Los angoleños me preguntaban ¿quién es ese Arlt?Les explicaba que de todos los escritores argentinos era el único que escribió algo sobre África, y el que rompió con una tradición, mostró que no sólo las personas de la elite, refinada, adinerada y culta, podían escribir novelas, cuentos, teatros, ensayos, en la Argentina. Ahora que lo pienso, ojalá mi historia tenga algo de arltiana.
Entrevista de Máximo Soto

