26 de marzo 2009 - 00:00

Ola de dislates hunde al Congreso de Brasil

José Sarney
José Sarney
Brasilia - Una sucesión de escándalos que incluye nombramientos masivos de ñoquis, sueldos astronómicos de funcionarios y proyectos legislativos disparatados pusieron nuevamente al Senado brasileño en el ojo de la tormenta. A causa de denuncias de la prensa, el presidente del cuerpo, el histórico José Sarney, ordenó destituir a 50 de los 181 directores administrativos que tienen sueldos de más de u$s 10.000, en tanto que un estudio privado ubicó al Congreso de Brasil como el más caro del mundo.
El dato de que en enero pasado, cuando el Senado estuvo de receso veraniego, se pagaron 6 millones de reales (u$s 2,6 millones) en horas extras a 3.300 funcionarios jerárquicos indignó a los brasileños.
Con un gasto de u$s 5.000 por minuto para sus 513 diputados y 81 senadores, el Congreso brasileño es el «más caro del mundo», según dijo Claudio Abramo, director del instituto Transparencia Brasil. Abramo declaró el domingo que un estudio comparativo con Francia, la Argentina, México, Gran Bretaña y Alemania demostró que el Legislativo brasileño es «el más caro en términos absolutos, es decir, comparando valores directos, sin considerar el ingreso per cápita de cada país». El análisis concluyó que «un diputado federal brasileño cuesta una vez y media lo que cuesta uno británico». Sólo el Senado cuenta con un presupuesto de u$s 1.300 millones y 9.000 empleados.
Sarney, quien fue presidente de Brasil entre 1985 y 1989, se vio forzado a echar a Agaciel Maia, director general del Senado, quien ocupó el cargo durante 14 años. A comienzos de marzo, la prensa descubrió que Maia es dueño de una mansión de u$s 2,1 millones que ocupa 1.000 metros cuadrados en el acomodado barrio de Lago Sur, Brasilia, y que no había sido declarada al fisco. Por otra parte, uno de los directores que debió dejar el cargo, en el marco de una reestructuración que promete ser mucho mayor, tenía por función coordinar a 5 personas que se encargaban de ayudar a los senadores a despachar valijas en los aeropuertos.
Otras faltas, comparadas con los casos de enriquecimiento relámpago, pueden parecer menores, pero contribuyeron a la ola de descrédito que sacude al Congreso. Por caso, se supo que senadores transfieren a familiares y amigos pasajes de avión a cargo del Congreso que, en principio, tienen por objetivo que los legisladores viajen desde la capital a sus ciudades de origen.
Curiosamente, una de las involucradas en esta práctica fue Roseana Sarney, senadora e hija del titular del cuerpo, quien argumentó que los pasajes «donados» fueron utilizados para «asuntos de trabajo» y se mostró dispuesta a probar que «no hubo irregularidades».
Otro colega, Tiao Viana, «prestó» un teléfono oficial a su hija de 15 años que fue de vacaciones a México, ya que «precisaba localizarla porque viajaba sola», dijo al diario O Globo. Según el primer vicepresidente del Senado, Marconi Perillo, los casos conocidos en las últimas semanas no se refieren necesariamente a corrupción, sino a «vicios históricos de práctica administrativa». Más duro fue el ex presidente Fernando Henrique Cardoso, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), quien aseguró que el Congreso brasileño «ya no representa nada» y denunció la «desmoralización» que provoca el goteo diario de corrupción que desde allí emana.
La escasa productividad legislativa ante tan altos salarios y beneficios adicionales no hace más que agitar el ambiente. En todo febrero y hasta mediados de marzo, el Senado sólo votó un proyecto de ley y designaciones de embajadores. Además, aprobó 18 homenajes que llegaron a destiempo, como una felicitación por el 90° cumpleaños de Nelson Mandela, que tuvo lugar en julio de 2008, y un reconocimiento a John McCain por el discurso con el que aceptó la victoria de Barack Obama en noviembre. También informaron su solidaridad con las víctimas del 11 de setiembre de 2001 en Estados Unidos, según recogió el diario El País de España.
Las denuncias de corrupción que salpicaron al Congreso brasileño en las últimas semanas aumentaron en seis puntos porcentuales el índice de rechazo al Parlamento, según una encuesta divulgada el fin de semana por el diario Folha de Sao Paulo. De acuerdo con el sondeo de la firma Datafolha, el porcentaje de brasileños que califica la gestión del Congreso como mala o pésima subió desde el 31% en noviembre del año pasado hasta el 37% en marzo de 2009. El índice de rechazo todavía no igualó al de noviembre de 2007, cuando el entonces presidente del Congreso, Renán Calheiros, debió renunciar a su cargo por otros casos de corrupción. El índice de aprobación es del 16%.
Agencias EFE y ANSA

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