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Oposición festejó el primer recorte oficial

La lista de los primeros eliminados del privilegio podría haber encabezado cualquier pedido de informes de la oposición en el Congreso. Precisamente esos pedidos que el Poder Ejecutivo se niega a responder desde hace ocho años. ¿Quién podía cuestionar ayer que se eliminaran los subsidios a bancos y financieras, seguros, juegos de azar, aeropuertos internacionales, terminales portuarias, empresas de telefonía móvil, petroleras y mineras? Imposible oponerse, salvo para dejar en claro dos preguntas que vienen siendo también una bandera de la oposición: ¿por qué se mantuvo durante tantos años un subsidio a servicios en empresas que parece más un reaseguro de algún centésimo de rentabilidad que una regla de equidad? Y, además, ¿por qué hablar de reducir subsidios cuando en el Presupuesto 2012 se los incrementa más del 10%?.
Los gobiernos Kirchner siempre supieron procesar con destreza los reclamos de la oposición hasta hacerlos pasar como propios (ver nota en pág. 12). Lo sabe el radicalismo, que en la votación de la reestatización de las AFJP no atinaba a frenar a sus senadores para impedir que se sentaran a dar quórum y aprobar esa medida. El jujeño Gerardo Morales puede dar fe de ese sufrimiento partidario.
Le pasó lo mismo a Ricardo Alfonsín, con esa continua incomodidad de campaña de tratar de demostrar su rechazo a medidas del Gobierno de las que la UCR difiere sólo en las formas.
Lo sabe Cristina de Kirchner y se aprovecha de esa debilidad al máximo: las formas, se sabe, hace años que no son un problema en la Argentina para tomar una medida.
En el fondo hay otros problemas: por ejemplo, un Estado que reparte $ 69.200 millones en subsidios a energía, servicios, transporte y que cada día debe destinar más fondos (en dólares) a pagar la importación de combustibles.
Ni ese tema, ni el dólar y el uso de las reservas del Banco Central y ni siquiera una inflación real que les da la explicación a todos esos fenómenos parecen haber sido tema de la campaña en serio. Lo retomó ayer Alfonso Prat Gay cuando resumió: «Chau dólar barato, chau tarifas congeladas. Hay ficciones y relatos que ya no se pueden sostener».
El plan que anunció ayer el Gobierno comenzó por un recorte de $ 600 millones. Fue una señal política más que una medida de ahorro fiscal en sí misma. Sólo tendrá un efecto más serio si llega a reducir los subsidios en $ 7.000 millones, como deberá decir el grupo de análisis que se crea.
Los radicales, en otro ejemplo de sus problemas, no se opusieron; por el contrario, festejaron la medida, como lo hizo Alfonsín con la obligación a las petroleras y mineras de liquidar sus dólares en el país (otra de las medidas del Gobierno en la primera semana poselectoral). Sólo anunciaron que constituirán otra comisión para supervisar lo que haga la que organice el Gobierno.


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