6 de septiembre 2011 - 00:10

Oposición ya negocia su lugar en el mundo para los próximos 4 años

• El Gobierno impondrá su mayoría para modificar órganos de control; minorías acuerdan sillones

Mauricio Macri, Cristina de Kirchner, Ricardo Alfonsín
Mauricio Macri, Cristina de Kirchner, Ricardo Alfonsín
Los cuatro años de mandato que logrará Cristina de Kirchner, si el 23 de agosto se registra un resultado similar al del 14 de agosto, ya están modificando los planes de la oposición. De competir en la presidencial, muchos pasaron ahora a buscar un lugar en el mundo en el que pasar los años que tienen por delante.

Ese horizonte, para algunos, puede no ser tan complicado, sobre todo porque en ciertas áreas el propio kirchnerismo está dispuesto a colaborar. Mauricio Macri y su posible paz con el Gobierno y el radicalismo que se le rebela a Ricardo Alfonsín, están entre los primeros interesados.

Todo indica que después de las elecciones comenzará una etapa de revisión de los órganos de control. Esto significa que el Gobierno querrá meter bisturí, por ejemplo, en la ley que reglamenta el funcionamiento de la Auditoría General. Es una vieja aspiración del kirchnerismo modificar ese órgano donde la oposición no sólo tiene representación sino que se lleva la presidencia del cuerpo.

El Gobierno no es el único interesado en ese directorio de seis auditores generales más un presidente, hoy el radical Leandro Despouy. El macrismo ya tiene listo un proyecto de reforma donde apunta, entre otras cosas, a abrir la distribución de sillones en la AGN que hoy se reparten con exclusividad entre el peronismo y la UCR.

Ese es el núcleo central de la pelea por el control de la Auditoría que tiene lugares reservados en exclusividad para el primer partido de la oposición desde que Raúl Alfonsín lo impuso en la reforma constitucional de 1994. El PRO está claramente anotado en esa puja.

En esa agenda ideal de reformas que tiene en carpeta el Gobierno (y que con el 50% de los votos le será mucho más fácil imponer), figuran modificaciones a otros temas que al tiempo que le resultan molestos al Gobierno, también pueden significar una oportunidad a opositores que buscan el calor de algún cargo por los próximos cuatro años.

El régimen de acceso a la información claramente está dentro de esa idea, como también la ley anticorrupción. Todo será objeto del laboratorio en que se convertirá el Congreso el año que viene.

Un ensayo de ese panorama, que aporta interesantes curiosidades, es el debate de estos días para ratificar la creación del Banco del Sur.

Todas las objeciones que había presentado la oposición sobre el proyecto de lanzamiento de esa nueva entidad multilateral (también del macrismo) fueron levantadas. Y de ahí que el proyecto se encamine a una votación por unanimidad.

De hecho entre esos cuestionamientos había uno de Alfonso Prat Gay, de la Coalición Cívica, que apuntaba casi a un tema inmobiliario: el diputado parecía estar preocupado por la designación de Caracas como sede central del Banco del Sur, tema no menor ya que muchos funcionarios argentinos, quizá también algún representante de la oposición, deberán trasladarse allí para integrar la lógica burocracia que se armará para la entidad.

La euforia por discutir estos temas cruza por estos días todos los bloques. No es para menos: el Gobierno no lo acepta, pero aún están pendientes las presiones sobre la constitución del Consejo de la Magistratura. Allí la oposición no radical intentará también avanzar, sobre todo si en el armado legislativo se confirma la debilidad que la UCR mostró con el 12,2 por ciento obtenido en la primaria del 14 de agosto.

Otro nicho para no despreciar es la posibilidad, siempre en veremos, de debatir la creación una suerte de Banco Nacional de Desarrollo. La Casa Rosada no quiere que se repita ese nombre que dejó una colección de escándalos en la administración pública; pero hay proyectos dando vuelta que reivindican esa idea, obviamente con otro nombre y otra mecánica.

De ahora en más cualquier posibilidad de acuerdo será bien recibida por ambas partes. La oposición sabe que debe pasar un duro test en octubre para la renovación de bancas. Muchos de sus representantes prefieren, al mismo tiempo, asegurarse un pasar honesto en los próximos años dentro de la política, como el que les garantizan los órganos de control con representación opositora, un invento que el radicalismo introdujo en la política nacional pero que ahora puede complicar el propio Alfonsín si no eleva la puntería de su partido.

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