Orfandad en Córdoba, retirada preventiva K

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Cristina de Kirchner se anotará, en la votación del 7 de agosto en Córdoba, un renglón exclusivo en el Guinness de la política criolla: encarnará el extraño caso de un presidente que no estará representado por un candidato en la elección de gobernador.

La orfandad K en ese distrito -con 2,5 millones de votantes, el segundo padrón electoral del país, detrás de la provincia de Buenos Aires- es una retirada preventiva, pero, en paralelo, un fracaso político de la Presidente como jefa del kirchnerismo.

Negoció, en silencio, con José Manuel de la Sota para compartir la fórmula de gobernador y las listas provinciales. El cordobés eligió a su segunda, pero ésta fue vetada por Olivos por su comportamiento, teóricamente anti-K, durante el conflicto de la 125.

Al final rompió su vínculo con De la Sota, evaluó -y descartó- presentar un candidato propio a gobernador con el sello FpV y le negó al peronismo cordobés que cuelgue su boleta de diputados nacionales de la lista que lleva a la Presidente como candidata.

Resultado: el domingo 7 de agosto, en esa provincia el kirchnerismo no tendrá postulante a gobernador. De la Sota irá con el sello peronista, Oscar Aguad por la UCR, y Luis Juez, en el turno anterior una oferta transversal K, como aliado de Hermes Binner.

Aunque no es un episodio inédito, es llamativo -o temerario- que el kirchnerismo, tras ocho años en el poder, no presente una lista propia o, al menos, aliada, en Córdoba. Para entender la lógica de esa ausencia, no la explicación del vacío, hay que remontar los días.

En 2007, por orden explícita de Néstor Kirchner, el puntano Daniel Pérsico se bajó por la competencia de la gobernación de San Luis para evitar un papelón. Fue una maniobra acertada: Alberto Rodríguez Saá fue reelecto con el 85% de los votos, sin oposición K.

Otro antecedente. En agosto de 2003, en Catamarca, el radical Eduardo Brizuela del Moral derrotó a Liliana Barrionuevo, que compitió con sello del PJ, tras la prohibición a su hermano Luis para ser candidato, lo que desató la célebre quema de urnas.

La protesta incendiaria ocurrió en marzo. Tres semanas después, Cristina de Kirchner fue atacada a huevazos al visitar la provincia para encabezar un acto a favor de su esposo que el 23 de abril quedaría segundo en la primera vuelta presidencial detrás de Carlos Menem.

Lo de 2003 se explica por el contexto. Kirchner había asumido en mayo y la política se sacudía espasmódica con el eco del «que se vayan todos». Lo de 2007 en San Luis fue una debilidad: ese año, de hecho, Kirchner logró uniformar casi todas las ofertas del PJ y transversales K con la marca Frente para la Victoria.

En lo que va del calendario electoral de 2011, en varios casos se aplicó la dualidad: en Salta, Misiones, Tierra del Fuego y Neuquén, por caso, el kirchnerismo apostó a punto y a banca, mantuvo sus acuerdos con partidos o dirigentes aliados y, en paralelo, patrocinó a candidatos puros K.

En ese marco, la orfandad del kirchnerismo en Córdoba, la ausencia de un candidato con posibilidad o, directamente, la inhabilidad para sellar un acuerdo, en su momento fueron citados como un dato anecdótico. Ahora, tras las derrotas en Capital y en Santa Fe, se convierte en una advertencia.

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