28 de diciembre 2012 - 00:00

Origen y desenlace del “fiscal cliff”

Enrique Blasco Garma - Economista
Enrique Blasco Garma - Economista
Ben Bernanke, presidente de la Fed, acuñó la expresión «fiscal cliff», refiriéndose al potencial impacto recesivo de la legislación vigente en materia impositiva y de gasto público del Gobierno federal de EE.UU. Estamos ante aumentos de impuestos durante 2013 de casi un 20%, sobre la recaudación de 2012, y recortes de gastos, contenidos en diversas leyes. En caso de no modificar esas leyes, los mayores impuestos restarían 0,54 billón de dólares y los menores gastos del Gobierno, otro 0,11 billón de dólares, un total de 0,65 billón de dólares, directamente de los bolsillos de los norteamericanos, durante 2013. Con un PBI de 16 billones de dólares, tales medidas impondrían una marcada contracción de los ingresos disponibles, conllevando significativas retracciones de la demanda global y empleo, en la primera mitad de 2013. No sólo en EE.UU. Toda la economía mundial sentiría el impacto.

Para el fisco estos recortes de gastos y aumentos de impuestos rebajarían los déficit en 7,1 billones de dólares, durante la próxima década, acotando el aumento de la deuda pública y su relación con el PBI anual. La deuda pública en el mercado es de 11,6 billones de dólares. Aparte, agencias gubernamentales mantienen unos 4.8 billones de dólares adicionales. Es interesante notar que estamos ante una presión fiscal total del 32% del PBI, en 2012 y una deuda neta del 72% del PBI. Varios analistas y políticos consideran urgentes medidas para evitar que la deuda crezca desbordando la economía, haciéndola insustentable. Otros disputamos que la deuda sea excesiva, en un nivel peligroso para la solvencia fiscal. De todos modos, las agencias de rating crediticio vigilan atentamente.

Desde esta perspectiva, estamos ante un delicado equilibrio entre objetivos de corto plazo y de horizonte más prolongado. En lo inmediato, la demanda global en los EE.UU. es insuficiente para todos los trabajadores. Unos 12 millones de personas bregan para emplearse, pero no consiguen ocupación aceptable; otros 8,2 millones se resignan a ocupaciones part time pues no consiguen empleo completo. En esta circunstancia, los bonos con que el Gobierno financia su déficit cuentan con fuerte demanda y pagan las tasas de interés más bajas en mucho tiempo. En verdad, los inversores se vuelcan a estos papeles del Estado por el mayor riesgo de las acciones y obligaciones de empresas privadas. Ello tornaría menos urgente reducir el déficit fiscal, en lo inmediato. Pero una vez que la economía vuelva a la normalidad, se deberían tomar decisiones para asegurar la sustentabilidad de la deuda pública.

Por eso, a mediados de 2011, cuando el Congreso se vio obligado a elevar el tope al endeudamiento para mantener el funcionamiento del Gobierno federal y su crédito, decidió un programa tentativo de alzas de impuestos y reducciones automáticas de gastos, dándose plazo para un programa mejor fundado. Esta oportunidad nunca llegó; los legisladores no encontraron la forma de acordar un programa aceptable para la mayoría. El tiempo pasó y, a partir del 1/1/2013, las medidas resueltas ante la emergencia, en forma tentativa para superar el encierro del tope al endeudamiento entran en acción y comienzan a aplicarse.

¿Qué pueden hacer el Congreso y el presidente?

La composición actual del Congreso se mantiene hasta el mediodía del próximo jueves. A partir de entonces, se reemplazan 13 senadores y 82 diputados por nuevos miembros. Encima, a comienzos de marzo se superaría el nuevo tope de endeudamiento autorizado por el Congreso, dejando al Gobierno sin fondos para seguir funcionando. Por eso, y para evitar el «fiscal cliff», los políticos deberán encontrar un paquete consensuado de aumentos de impuestos, reducción de gastos y nuevo tope al endeudamiento federal. Para atender el problema, el presidente Obama exige que los más ricos paguen más impuestos, mientras que no quiere subirlos para los hogares que ganen menos de u$s 250.000 y desea mantener rebajas impositivas a asalariados y subsidios a desocupados. Los representantes republicanos controlan la Cámara de Diputados y se están oponiendo a cualquier aumento de impuestos; exigen reducir los gastos gubernamentales, especialmente los sociales y de salud. El jueves pasado, el líder de los diputados republicanos había propuesto aumentar los impuestos a quienes ganan más de un millón de dólares anuales, pero su propio bloque lo desoyó.

Éste es un caso típico de decisiones colectivas. Los representantes en el Congreso tienen incentivos individuales diferentes a los intereses del conjunto. Los diputados representan circunscripciones electorales específicas, con diferencias culturales y regionales; los senadores representan a estados provinciales con visiones asimétricas. Cada uno se debe a su electorado y responde a compromisos con su partido. En cada caso, la ideología es un condimento sustancial que, en estos últimos tiempos, está separando opiniones, fracturando intenciones de colaborar en un proyecto común. Los republicanos están muy exigidos por su compromiso de no aumentar ningún impuesto. Los demócratas, por su promesa de llevar a cabo los programas sociales con los que ganaron la última elección. Las formas de presentar las medidas, las opciones ofrecidas a los legisladores para adoptar una resolución, juegan un rol importantísimo. Por ejemplo, cómo los impuestos subirán a partir del miércoles, de acuerdo con la legislación actual, la misma propuesta que este año significaría aumentar tributos, conllevaría una rebaja frente a los mayores que entrarían en vigencia en 2013.

Al final del partido, el Gobierno debe seguir trabajando con lo cual deberán sancionar un tope más elevado al endeudamiento. También, para reducir los déficits fiscales y crecimiento de la deuda, en la próxima década deberán elevar impuestos y reducir gastos. El problema es la secuencia temporal y la combinación de suba de impuestos y rebaja de gastos. Por su parte, los legisladores evitarán caer en el «fiscal cliff», pues serían responsables de una recesión, desempleo y también aumento de impuestos y recorte de gastos valorados por el electorado, justo cuando la economía está en proceso de recuperación. Por ello, superando las dificultades y tras arduas negociaciones para salvar la cara de cada legislador, aguardamos lleguen a evitar caer en el «fiscal cliff», aumentando impuestos para los más ricos y recortando pocos gastos, los menos requeridos por el electorado.

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