Ayer vimos titulares como «El mercado se recupera luego de la peor semana del año». Esto fue en uno de los medios más reputados; imagine entonces lo que sucedía a medida que el color del medio giraba hacia el amarillo (sensacionalista) o al rojo (socialistoide). Dejando de lado las distintas necesidades de los medios/comentaristas al tener que usar las palabras como carnada para atrapar lectores que serán vendidos a los anunciantes (algunos con un poco más de ética y otros con un poco menos), lo interesante de la jornada pasada no fue el 1,23% que ganó el Dow al cerrar en 13.241,63 puntos ni que el S&P 500 subió al máximo de los últimos cuatro años, sino la uniformidad en la explicación de por qué ocurrió esto último. Un desprevenido pensaría que tuvimos una muy buena noticia sobre el devenir económico, pero no fue así. Muy por el contrario, lo que más destacaron casi todos los comentaristas fueron los dichos del presidente de la Reserva Federal sugiriendo (Bernanke sería muy tonto si «dijera» algo, atándose las manos, en lugar de «sugerirlo», quedando libre para dar un giro de 180º si la situación lo amerita) que la política de tasas negativas e hiperliquidez del sector financiero continuará hasta tanto la recuperación económica no sea plena y manifiesta. Obviamente, quienes vienen «jugando a la suba», casi una mayoría (aquí vale la generalización de que los que temen a la baja se han retirado mayoritariamente del mercado, lo que podría explicar los bajos volúmenes negociados y la baja volatilidad de los precios), sólo tomaron la primera parte del concepto soñando en casos extremos con un posible QE3 (nuevo plan de expansión monetaria) o respirando algo más tranquilos ante la idea de que no les van a quitar el «chupetín de la boca». En la medida que Bernanke no dijo nada nuevo ni nada que el mercado no supiera (con las elecciones presidenciales a la vista es poco probable que pueda o se atreva a hacer algo significativo), lo sucedido ayer refleja que los inversores están lo suficientemente nerviosos como para necesitar de tanto en tanto un «mimo» que los calme y les dé la excusa para seguir «apostando». ¿Por qué los nervios? Porque Bernanke reconoció que la economía ni siquiera crece lo suficiente como para bajar realmente la tasa de desocupación.
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