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Pan-PJ: 6 de 10 candidatos a gobernador con ese ADN
Los bonaerenses que este domingo entren al cuarto oscuro se toparán, algunos quizá sin percibirlo, que de los diez candidatos que compiten por la gobernación, seis son portadores de ADN peronista. La variedad es, además, una expresión de la diversidad o mutabilidad del movimiento fundado por Perón.
El abanico es multicolor: abarca de Francisco de Narváez que se declaró peronista y amagó enfrentar a Néstor Kirchner en una interna por la jefatura del PJ pero ahora se asoció a Ricardo Alfonsín hasta Mario Cafiero, hijo de histórico caudillo, que luego giró hacia la izquierda nacional.
Entre esos extremos aparecen Daniel Scioli de un perfil claramente más moderado o más centrista que el que expresa el kirchnerismo y su competidor en la interna del domingo: Mario Ishii, intendente de José C. Paz, cacique del conurbano profundo, execrado por sus pares pero de la más pura ortodoxia territorial.
La grilla se nutre de Eduardo Amadeo, exembajador en EE.UU., que se convirtió en el postulante del Frente Popular de Eduardo Duhalde en la provincia luego de la estratégica bajada, a última hora, de Graciela Camaño para quedarse con una candidatura más preciada: una diputación nacional «a salir».
Y lo cierra Adolfo Rodríguez Saá, puntano de origen y nacimiento, que tuvo la precaución de fijar su domicilio en la provincia, dualidad que le permitió anotarse como postulante en dos provincias en simultáneo: para senador nacional por San Luis y como gobernador, por el partido de su hermano Alberto, en Buenos Aires.
Portador de una candidatura testimonial, la aspiración de «El Adolfo» fue abortada horas atrás por la Justicia electoral porque consideró inaceptable que se anote para dos cargos distintos, en simultáneo, y encima en dos provincias distintas. Un vacío legal que, sin límite, Rodríguez Saá intentó aprovechar.
Ropajes
El peronismo ha hecho de la diversidad un don: una especie de recurso de expansión para aparecer en todos los ámbitos con distintos ropajes. Quizá no haya más que esa -en algunos casos presunta- portación de ADN peronista lo que vincule a Scioli con Ishii a éste con Amadeo o con De Narváez o con Cafiero.
Puede, incluso, que haya más proximidad entre el gobernador y el candidato de UDESO que entre el candidato oficial del FpV y su rival emponchado de José C. Paz.
Pero no debe sorprender. Ha ocurrido en otras ocasiones y, se supone, seguirá ocurriendo como eco de una batalla gestada desató al instante siguiente del surgimiento del peronismo: fue, en el principio, el enfrentamiento ente Cipriano Reyes y el propio Perón. Una marca, indeleble, de origen.
En el pasado reciente también se manifestó. En 2003, hubo tres candidatos presidenciales del PJ: Néstor Kirchner, Carlos Menem y «El Adolfo» con pretensiones de bonaerense.
Más cerca hay otros antecedentes: en 2007, cuando Scioli ganó la gobernación, tuvo que competir contra otras seis expresiones de peronismo. Fue el debut de De Narváez, y disputaron también Jorge Sarghini por el lavagnismo y Alieto Guadagni, con Teresa González Fernández como vice.
También se anotó Daniel Herrera, dueño del sello «Unión Popular», este año alquilado por Duhalde como marca electoral. También compitió Luis Brunati, con un pasado en el cafierismo -fue ministro de Gobierno- que luego de retiró y volvió para apoyar a Fernando Pino Solanas.
La séptima vertiente fue Luis Patti con su Unidad Federalista.
Pero por entonces, la oferta incluía 14 candidatos.
Pablo Ibáñez


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