«No se puede pretender que el Banco Central se mantenga ajeno a los procesos de crecimiento y desarrollo productivo de la economía», dijo Axel Kicillof. El economista, quien también se desempeña como subgerente general de Aerolíneas Argentinas y es investigador del Conicet, cuestionó lo que llamó «el paradigma neoliberal de la independencia del Banco Central». Fue en el curso de una charla realizada en el primer panel de las Jornadas Monetarias y Bancarias 2011 organizadas por el BCRA, y en el cual participaron también la presidenta de la entidad, Mercedes Marcó del Pont, junto con especialistas de los Estados Unidos y de Australia. Kicillof centró su disertación en una exposición de la teoría de John Maynard Keynes, particularmente en su crítica a la concepción cuantitativa de la moneda, lo que generó obviamente críticas entre los asistentes. A continuación, las frases más destacadas de su discurso:
Estamos atravesando una período de crisis económica cuyo estallido no pudo ser predicho, y su desenvolvimiento tampoco está pudiendo ser explicado por la teoría ortodoxa. Hay que generar un nuevo marco de teoría económica.
El mundo ha vivido una larga etapa de oscurantismo monetarista. Se ha inculcado tantos años esa teoría, que parece que todos creen que los aumentos de salarios y el gasto público son inflacionarios.
Ha sido la teoría ortodoxa la que ha convertido al Banco Central en un instrumento de los ajustes más feroces y, en realidad, el Banco Central no puede ser independiente, aunque quiera. Todo lo que hace influye en el empleo.
¿De qué manera se puede ocupar sólo de la moneda, si cualquier movimiento de la tasa de interés, del crédito o de los encajes afecta al empleo?
La causa real de la crisis ha sido el fracaso de la política económica de matriz liberal que se impuso en Estados Unidos y en todo el mundo en los últimos 30 años, la cual ha hecho crecer la brecha de la demanda que ha sido llenada con la expansión financiera a través del crédito e inflando los precios de los activos.
Hay un retorno a la figura de Keynes, pero muchos de los que hoy se llaman keynesianos son, en realidad, personas que se apoyan en la ortodoxia.
Las teorías que dicen que el desempleo es desequilibrio, una cuestión de corto plazo, y culpan a las rigideces de mercado son las teorías ortodoxas que combatió Keynes.
A mí me llama la atención que buena parte de los que hoy se dicen keynesianos son los que afirman: «No, el desempleo es culpa de las rigideces». Ésa es la ortodoxia que atacó Keynes.
Actualmente, uno se cansa de leer en los diarios argentinos que la inflación se genera por la sobreemisión de dinero y aumento de salarios, pero esa idea carece de fundamentos. En Estados Unidos, el Gobierno inyecta más dinero en la economía, pero no se registra un proceso inflacionario.
El FMI, después de decir que había que iniciar una revolución teórica (previo a la crisis financiera internacional), en 2010 dice hay que iniciar el ajuste. Vuelven con la vieja receta muy poco después de haber dicho que había que cambiarla.
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