• EL SECRETARIO DE COMERCIO INTERIOR APLICARÁ PARAARANCELARIA QUE TRABARÁ TODAS LAS IMPORTACIONES
Guillermo Moreno
Guillermo Moreno volvió a embestir contra las importaciones de libros y artículos de impresión en general. Ahora será de manera permanente y a través de una paraarancelaria, que limita el ingreso de compras desde el exterior de casi todo producto editorial, si éste no cumple con restricciones ambientales de contenido de plomo. Para las editoriales, que esperaban una medida de este tipo desde hace semanas (no pueden cumplir con la máxima morenista de importar y exportar por un dólar que entre por cada uno que sale), aseguran que la restricción vinculada a cuestiones ambientales ampara la decisión final de obligar a las compañías a producir dentro del país.
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Puntualmente, y a través de la disposición 26 de 2012 de la Secretaría de Comercio Interior, se impone el régimen para que las empresas que importan materiales como libros, diarios, periódicos, cajas, cartones, cartulinas, etiquetas, folletos, bolsas, placas, cheques, postales, papeles para decorar, calcomanías, impresos publicitarios y naipes, entre otros, que de no cumplir con una condición arancelaria de presencia de plomo máximo (0,06 gramos por cada 100 gramos), no podrán ingresar por la Aduana estos productos.
Para todos los casos, Comercio impondrá una fecha tope, a partir de la cual los importadores deberán presentar una declaración jurada por la cual aseguran que los ingresos no superan el límite impuesto, un tope que para la industria es imposible de cumplir. Con esto, según la línea editorial de Moreno, se obligará a las editoriales, empresas de artículos de librería (fundamentalmente industrial), agencias de publicidad, impresoras de documentos para el sistema financiero y papeleras en general, a intentar encontrar productores locales que sustituyan esas importaciones. Por ahora, los fabricantes internos no tendrán esas restricciones sobre el contenido de plomo. De la embestida, sólo quedan fuera los pequeños importadores, y se afecta directamente a las pequeñas y medianas editoriales y comerciantes de artículos impresos de nivel industrial.
Según el cronograma que impuso ahora Moreno, desde el 12 de julio próximo deberán presentar la declaración jurada los importadores de libros cajas y cartones y de etiquetas. Desde el 12 de marzo del año próximo, los que deberán cumplir con la obligación serán los importadores de folletos, cajas de papel, bolsas en general, envases, fundas para discos, cuadernos, impresos y lacas. Finalmente, las trabas comenzarán a regir desde el 12 de noviembre próximo para los diarios y publicaciones, sobres, papeles para regalos, papeles para decorar y revestimientos, álbumes de estampas, tarjetas postales, de felicitaciones y personales, calendarios, catálogos comerciales, impresos publicitarios y naipes.
La principal industria que se vería afectada es la editorial, fundamentalmente en el caso de las comercializadoras de libros, un rubro que Moreno tiene particularmente en la mira desde hace meses. A fines de 2011, casi en paralelo a su confirmación como secretario de Comercio Interior en el segundo período de Cristina de Kirchner, el funcionario frenó en la Aduana la totalidad de los libros de cualquier tipo, calidad y autor. Una larga negociación con las editoriales, y la promesa de éstas de comenzar a aumentar la producción local en las impresoras argentinas de cierto material, hizo que el material comience a liberarse y que para la Navidad algunos de los best sellers pudieron llegar a las librerías.
Algunas de las empresas de comercialización de libros de idiomas se comprometieron incluso a adherir a la fórmula que habían patentado las automotrices de vehículos importados: lograr el permiso para poder ingresar unidades a cambio de la venta exterior de vinos, maníes, pochoclo, etc. Otras, que no hicieron a tiempo para contactar algún exportador de bienes heterogéneos, tuvieron menos suerte. Muchos de los libros de idiomas extranjeros que los colegios comenzaron a pedir al comienzo de las clases, directamente no se encuentran por estar descansando en la Aduana a la espera liberalizadora de una orden morenista.
Según informó este diario el 1 de marzo pasado, el ranking de los faltantes lo lideran igualmente las novelas en idiomas extranjeros, seguidas por los libros de textos y los infantiles. Por algún motivo, el inglés sería un idioma menos castigado por el morenismo, ya que las mayores trabas caen en textos en portugués, italiano, alemán e idiomas orientales. Hay igualmente un rubro en la mira: casi no ingresan los productos de la editorial inglesa Oxford, y los colegios están optando por utilizar los impresos del año pasado.
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