6 de enero 2010 - 00:00

Para sus fans, “está de gira”

El calor que desafiaron ayer los fans de Sandro fuera del Congreso contrastaba con el frío Salón de los Pasos Perdidos donde yacía el féretro al que no tuvieron acceso las cámaras sino sólo los ciudadanos, por pedido de sus familiares. Si el cantante había decidido cuidar su privacidad en vida, sus allegados (su esposa Olga Garaventa y los dos hijos de ella) continuaron con esa conducta.

Al mediodía de ayer, la larga fila de seguidores, de todas las edades pero en su mayoría mujeres maduras, comenzaba en la puerta del Congreso (Rivadavia) y daba la vuelta por Callao hacia Corrientes. Alrededor de las 13, comenzaron a ingresar grupos de 10 personas, para dar su último adiós al ídolo. Como esos ciudadanos, los periodistas debieron ingresar sin cámaras a la capilla ardiente.

Previo paso, yacían unas pocas coronas de flores (de Presidencia de la Nación, de la Cámara de Diputados, del jefe de Gobierno de la Ciudad, de Mirtha Legrand y de la familia). Una vez dentro, se percibía esa intimidad tan buscada, con sólo un puñado de personas anónimas que lo lloraban, apoyadas en las vallas, a un metro y medio del ataúd. Alrededor, sillas vacías y algunas velas. El Sandro del recuerdo contrastaba en todo con lo que devolvía la imagen real: un cadáver raquítico, que delataba los sufrimientos últimos de su cuerpo sometidos a trasplantes y cinco operaciones. En la sala contigua estaba Olga, sus dos hijos y la amiga-representante de Sandro, Nora Lafón.

El velatorio empezó a realizarse ayer desde las 13.30 y continuará hasta hoy a las 13 (en un primer momento, se había ordenado que cesara a las 23 y se reanudara a las 10 de hoy, pero hubo un cambio de decisión a último momento a la vista de la cantidad de fans que quedarían sin poder dar su último saludo).

De allí el cortejo fúnebre partirá hacia el cementerio Gloriam en Burzaco, y se espera que lo acompañe una multitud. Para velarlo, a la familia se le había ofrecido el Congreso o el Luna Park, pero se inclinaron por el primero pues, además de ser un símbolo nacional, lo creyeron más conveniente desde el punto de vista de la seguridad. Si el Congreso ya cuenta con un cuerpo de policía permanente y acceso más difícil, en el Luna Park tendrían que haberse encargado de contratar seguridad propia y ofrecía más flancos para que se filtrara un paparazzo. Además, en el Congreso también estuvo presente la Guardia Urbana de la Ciudad.

En el entorno íntimo de Sandro se valoró la gran cantidad de llamados de famosos que habían recibido, varios excusándose de no poder asistir por estar de vacaciones y con la promesa de acercarse lo antes posible. A diferencia de Mercedes Sosa, Sandro murió en plena época de vacaciones.

La mayoría de los fans que buscaban ver por última vez a Sandro habían llegado a la mañana, aunque muchos no disimulaban el cansancio de una larga noche en vela, con sillas playeras y viandas, en tanto que los primeros de la fila aseguraban haberse acercado a las 11 del lunes. «Se murió el amor de mi vida», era la frase más repetida por varias de las mujeres, algunas bien mayores, con collares improvisados de los que colgaban fotos de Sandro o las mismas cartulinas que habían trasladado del hospital al velorio y que apuntaban «Fuerza Gitano».

La postal se completaba con flores rojas, posters, suplementos de diarios en mano y fotografías de Sandro encuadradas, como si las hubieran descolgado de sus casas y llevado a la última cita. Todos esperaban que comenzara la última función. Llamó la atención la considerable presencia de gente joven y adolescente. No se trataba sólo de chicas que confesaban querer a Sandro porque sus madres lo adoraban, sino que también había grupos de chicos y chicas, con piercings y tatuajes, que se decían seguidores del gitano. Y maridos que acompañaban, mientras sus mujeres contaban entre risas y llantos a las cámaras de TV: «Sandro es el gran amor de mi vida».

No faltaron los vendedores de turno, que ofrecían desde abanicos, paraguas utilizados como parasol, posters, remeras y panes. Los mismos que aparecen en el ingreso o la salida de recitales. Las mujeres, sentadas tras las vallas se perdían entre el llanto y el sueño, mientras otras tantas repetían la frase de la canción: «Quería que se lo recordara con felicidad y alegría, así lo haremos, porque sobre todo era un excelente ser humano, además del mejor artista, no habrá otro igual».

El día de ayer dio para toda clase de anónimos, aunque alguno se arrogara ser semifamoso. Fue el caso de una maquilladora y peinadora del viejo «Canal 9» de Alejandro Romay, presente entre las fans, que contaba a quien quisiera oírla que ella había maquillado dos veces a Sandro cuando Susana Giménez salía desde la calle Gelly.

Las ambulancias del SAME apostadas en Rivadavia y Callao debieron socorrer a una veintena de personas que se descompusieron por las altas temperaturas (la térmica llegó a 35 grados), mientras varios quioscos de revistas eran utilizados como puestos de sombra, así como los negocios con aire acondicionado hacían las veces de refugios. Conforme avanzaba la mañana llegaron los camiones que repartían agua, a los que se acercaban los fieles a recargar sus botellitas plásticas.

La frase más habitual de las «nenas» era que Sandro se había ido de gira.

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