6 de junio 2017 - 00:00

Para un grupo de artistas, la naturaleza ya no es lo que era

Lejos de la visión del romanticismo, las 45 contribuciones a esta muestra son más bien inquietantes.

Rompehielos espectral. El holandés Guido van der Werve y su obra “Número ocho, Todo va a estar bien” (2007, video HD en 16mm).
Rompehielos espectral. El holandés Guido van der Werve y su obra “Número ocho, Todo va a estar bien” (2007, video HD en 16mm).
"Naturaleza. Refugio y recurso del hombre", la megaexposición que exhibe el CCK, pone ante el público las expresiones de 45 artistas nacionales e internacionales. El protagonista es el planeta y -desaparecida la estética al modo romántico, como la de Caspar David Friedrich-, el arte habla de la naturaleza y su devenir con suma elocuencia. Hace unos días, con coherencia ejemplar, 195 países renovaron en París el acuerdo para detener el calentamiento global y evitar las catástrofes climáticas, pero EE.UU. retiró su apoyo y China se acercó de inmediato a la Unión Europea para defender el medio ambiente. En la Argentina, donde el gas se venteaba y los recursos naturales parecían inagotables, las noticias ocuparon la primera plana. Y justamente es argentino Nicolás García Uriburu, pionero del arte en la defensa de los recursos naturales.

En 1968, cuando comenzó a colorear de verde -símbolo de purificación- las aguas del Gran Canal de Venecia, los puertos, ríos y fuentes de grandes ciudades, estableció una firme alianza entre la naturaleza y el arte. Uriburu es, en efecto, padre del Land Art, pero su mensaje es político. Si sus palabras, acciones y denuncias se hubieran tomado en cuenta, otro sería el destino del planeta. Junto a las fotos y videos de sus performances descansan las botellas de las coloraciones: el sodio fluorescente y no tóxico.

El video del holandés Guido van der Werve muestra un hombre que camina delante de un imponente rompehielos que se abre paso tras él. La imagen del buque se recorta sobre un paisaje helado, blanquecino y metafísico. El lento avance del barco remite, con sus poderosos motores, a los cambios acarreados por la Revolución Industrial; el hombre, forjador de su destino, se le adelanta, y el mundo se ha convertido en bruma. Es este mismo mundo en el cual, desde el nacimiento hasta la muerte deberíamos sentirnos en casa, el que ha dado un giro gigantesco. Hay un oso gigantesco pintado por Cynthia Cohen con el cielo bajo sus pies. Y, en el medio de la sala, se divisa el mar de Miguel Rothschild: una tela suspendida desde el techo flota a un metro del suelo, los hilos que la sujetan encrespan la superficie con grandes olas. La ominosa mancha oscura evoca el Diluvio Universal.

La muestra se desplaza como un río con sus paisajes cambiantes, suscitando los más diversos sentimientos, sensaciones y reflexiones. En el video del francés Ange Leccia, el agua fluye caudalosa en un espacio irreconocible. La imagen del estadounidense Bill Viola muestra al hombre, sumergido y luminoso, con los brazos abiertos en cruz. Un ser grandioso aún en el trance de la muerte. El uruguayo Rimer Cardillo levantó una montaña modelada en papel blanco. Allí apiló las diversas especies de pájaros que mueren al chocar contra los vidrios espejados de los edificios que reflejan el cielo. Como contrapartida, la costarricense Lucía Madriz celebra con su bellísima "Flor de la Vida", las semillas de su tierra natal, alimento de diario y elemento crucial de su cultura e historia. El británico Martin Creed, ganador del premio Turner en 2001, presenta una obra tan conceptual como juguetona: "La mitad del aire en un espacio dado". Centenares de globos azules ocupan la mitad de una sala vidriada e invitan al espectador a desplazarse e interactuar con la obra.

Frente al poético Río de la Plata de Rómulo Macció pintado con el inusual punto de vista de un navegante, Gabriela Urtiaga, directora de artes visuales del CCK y curadora de la exposición junto a Laura Buccellato y Ana Battistozzi, señala "el potencial del arte para imaginar nuevas maneras de estar y proyectarse en el mundo". Se refiere así a "nuestro 'entorno refugio' signado por nuevas leyes y nuevas lógicas de entendimiento acerca de la fuerza natural y el desarrollo del hombre en un inexorable 'entorno recurso'".

El planeta es el tema y problema que inspira lenguajes tan diversos como el cálido refugio de Catalina León, las ideas escritas con neón por Hernán Marina en medio de las plantas, o los densos goterones de brea que Jeane Brodie derramó por el suelo. Frente al temor que engendra el mensaje ecologista, la aventura incesante del arte abre un horizonte donde los caminos parecen infinitos.

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