10 de agosto 2012 - 00:00

Pasó un lustro de la crisis y siguen rescatando países

Pasó un lustro de la crisis y siguen rescatando países
Se cumplieron ayer cinco años del día en que cambió el mundo al estallar la burbuja de las hipotecas subprime y comenzó la crisis financiera mundial. Aunque la quiebra de Lehman Brothers el 15 de septiembre de 2008 es la fecha que quedó grabada en el imaginario colectivo, 11 meses antes, el 9 de agosto de 2007, fue el día en el que el banco de inversión francés BNP Paribas suspendió los pagos de varios de sus fondos porque era incapaz de cuantificar el valor de los activos vinculados a las entonces casi desconocidas subprime. La entidad alegó a sus inversores una «completa evaporación de la liquidez». Ese mismo día la Reserva Federal y el Banco Central Europeo inyectaron u$s 90.000 millones en los mercados financieros. Una acción coordinada que no consiguió evitar el colapso de Lehman Brothers y de muchos otros, tampoco la recesión global, ni la crisis de deuda que hoy aún asola a Europa. Para el BCE se trataba de la primera intervención desde los ataques terroristas del 11 de septiembre. Si bien el BCE la consideró un fino ajuste, los inversores sabían ya que era algo mucho más serio. Pero el 9 de agosto de 2007 les recordó a los europeos el 4 de agosto de 1914, porque marcó un punto de inflexión entre un verano de prosperidad y tranquilidad y la guerra de trincheras de la contracción del crédito, con la quiebra de bancos, la congelación de los mercados, y la explosión del mercado inmobiliario por la escasez de crédito.

La crisis celebra su quinto aniversario. Desde aquel 9 de agosto los acontecimientos se precipitaron en cascada: en septiembre de 2007 el banco Northern Rock tuvo que recibir ayuda del Gobierno británico (era la primera vez que sucedía en 150 años). Ya en enero de 2008, los analistas anunciaron la mayor caída anual de las ventas de viviendas en EE.UU. en un cuarto de siglo; en febrero, Northern Rock fue finalmente nacionalizado; en mayo, Henry Paulson, secretario del Tesoro de EE.UU., afirmaba que lo peor había pasado; y en septiembre, el Gobierno norteamericano rescataba a Fannie Mae y Freddie Mac; poco después, Lehman Brothers se declaraba en bancarrota (Washington Mutual y Wachovia también colapsaban). Así, en octubre, Paulson implementaba el TARP, un mecanismo de rescate para el sector financiero estadounidense. La primera semana de dicho mes fue la peor en la historia del Dow Jones y ocho bancos centrales recortaron entonces sus tasas de interés en un 0,5% de forma coordinada. A mediados de ese mes, el Gobierno británico rescató un importante número de bancos, entre ellos RBS y Lloyds. En abril de 2009, el G-20 acuerda un paquete de estímulos global valorado en u$s 5 billones; antes, el Banco de Inglaterra anunciaba el comienzo de una política de flexibilización cuantitativa (QE). A finales de ese año, Yorgos Papandréu es elegido primer ministro de Grecia y una semana después de su nombramiento destapa un enorme agujero en las finanzas del país. Así, en abril de 2010, la deuda helena es rebajada a «bono basura» y en mayo la república europea es rescatada por primera vez (110.000 millones de euros). Poco después, en noviembre, los ministros de Finanzas de la zona euro acuerdan el rescate de Irlanda (85.000 millones de euros). Lisboa siguió el camino de Atenas y Dublín, y Portugal es rescatada en mayo de 2011; en julio de ese mismo año, Grecia es rescatada por segunda vez.

Hoy por hoy, se habla de un posible rescate de España, que ya ha solicitado ayudas de 100.000 millones de euros para su sector financiero, y hasta de Italia. La economía europea ha caído en la recesión, mientras los costos de financiación se multiplican día tras día para los países periféricos y la tasa de desempleo no para de escalar posiciones (en marzo, los desocupados europeos alcanzaron su nivel más alto en la historia).

Los expertos consideran que hoy se está peor que cuando todo esto empezó. La deuda total, de gobiernos, sector inmobiliario, bancos y empresas, es más elevada que en 2007 en 11 economías que están bajo el microscopio de los mercados: Canadá, Alemania, Grecia, Francia, Irlanda, Italia, Japón, España, Portugal, Reino Unido y Estados Unidos.

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