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Paulina Urrutia y un humor sin tabúes
La chilena Paulina Urrutia, ex ministra de Cultura del gabinete de Michelet, en «La amante fascista», que se ve en el FIBA.
Enérgica, versátil, con algo de Marilú Marini en el expresivo manejo de su cuerpo y muy dotada para el humor (saltando de un personaje a otro y de una emoción a otra, sin que se vean los hilos de su actuación) Paulina Urrutia hizo honor a su fama de «mejor actriz chilena» con la que el FIBA publicitó el debut de «La amante fascista», pieza ganadora del Primer Premio del Concurso Nacional de Dramaturgia 2010, que brinda una mirada insolente más que ácida, de los largos años de dictadura pinochetista.
Urrutia regresó a los escenarios chilenos con esta obra, tras su mandato como Ministra de Cultura en el gobierno de Michelle Bachelet. Fue ovacionada por sus compatriotas, con justa razón, y a ella le debe, sin duda, el dramaturgo y videasta Alejandro Moreno (Santiago de Chile, 1975) la gran trascendencia que tuvo esta pieza dirigida por Víctor Carrasco.
«La amante fascista» narra los desvaríos de una mujer patética esposa de un capitán del ejército y amante de un jerarca castrense con quien comparte juegos y encuentros eróticos, mientras su marido realiza entrenamientos en Panamá. La magnífica interpretación de Urrutia permitió pasar por alto un prólogo y epílogo prescindibles, un topless injustificado y varios recursos de puesta que terminaron funcionando como meros separadores entre escenas. Entre ellos, algunos videos del Altiplano, varios rostros chilenos y perros devorando restos de otro animal,
El personaje central, Iris Rojas, es un compendio y caricatura de aquellas damas de la burguesía que apoyaron a la dictadura chilena y hoy que siguen cerrando los ojos ante los crímenes del último gobierno militar. En la noche del debut en el Teatro Margarita Xirgu los espectadores debieron acomodar el oído al acento chileno y aguzar el ingenio para decodificar un buen número de expresiones populares y de referencias culturales propias del país vecino.
Más difícil de digerir fueron las humoradas «fascistas» del personaje en cuestión. Como por ejemplo, cuando destroza con sus sarcasmos el tema «Te recuerdo Amanda» de Víctor Jara (donde Amanda pasa a ser una «una huevona» que sigue limpiando sin darse cuenta de que Manuel la abandonó) o cuando describe a Violeta Parra como «esa artista con aspecto de empleada de limpieza». Las risas de platea sonaron más nerviosas ante un par de chistes sobre desaparecidos, quizás los primeros que se han escuchado en un escenario. Si bien estos escarnios pusieron más en evidencia la mezquindad y estupidez de este personaje -de allí las risas que provocó- hubo otros comentarios -éste por ejemplo: «si quieren encontrarlos ¿por qué no publican fotografías color en lugar de fotocopias?»- que sembraron el desconcierto. Con todo, los aplausos fueron muy favorables y el escalofrío de minutos atrás pronto olvidado.


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