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Paz radical para la foto y libertad de acción para octubre
Ricardo Alfonsín y Javier González Fraga presidieron ayer la reunión del Comité Nacional de la UCR. El radicalismo bonaerense intentó calmar los ánimos. Hubo paz, pero sólo para la foto.
Como en toda cumbre radical, primaron las formas y el final con una declaración que, para no contradecir las costumbres, ya estaba redactada de antemano.
De ahí que el acuerdo logrado allí por la dirigencia de todo el país parece claro: no pelearse para la foto, pero terminar concediendo una libertad de hecho a los «rebeldes» que buscan salvar los municipios radicales en todo el país liberándose de la atadura que les impone usar la fórmula presidencial de la UCR.
«Si no ganamos, tenemos que ser la principal fuerza de la oposición», fue el objetivo que comenzó a plasmar ayer Alfonsín. No se le puede achacar falta de realismo, después del 12,17% del 14 de agosto.
Junto a Javier González Fraga y Ernesto Sanz, Alfonsín ensayó una autocrítica relativa: «Los resultados de las primarias no nos dejan conformes. Tenemos que asumir la responsabilidad, quien les habla. Pero de algo estoy seguro: hice todo lo que estaba a mi alcance», dijo en medio de aplausos.
Los jefes partidarios a nivel provincial, diputados y senadores nacionales lo escuchaban atentamente, ubicados en dos mesas en el Comité Nacional: «Nos sorprendió la diferencia que tuvo el oficialismo. Habrá muchas respuestas, pero está muy fresca la crisis de 2001 y lo cierto es que la sociedad encuentra que estamos mejor. Sin ninguna duda, esto ha influido en el resultado», reconoció.
Hubo también autocrítica sobre la estrategia de campaña: «Tuvimos que concentrarnos en algunas provincias, ni siquiera en las que hubiéramos querido... más allá de los registros de recuperación, todavía no ha podido salir del todo de la crisis», continuó.
No hubo reconocimiento alguno sobre el rechazo de muchos radicales al acuerdo con Francisco de Narváez. Ni siquiera por la desprolijidad de haber insistido con la posibilidad de una fórmula compartida con Hermes Binner, como la mejor salida ideológica del radicalismo, para una semana después anunciar un inconsulto acuerdo con De Narváez.
«La primarias no han cambiado nada. Los problemas siguen siendo los mismos. No podemos acallar nuestra voz, porque la vida de los argentinos no termina el 23 de octubre y tenemos que estar preparados para dar ese debate», se entusiasmó ayer Alfonsín. «Un triunfo de la UCR es lo mejor que le podría pasar a la república», afirmó. Iba ya una hora de discurso confirmando la certeza de muchos de la pasión por hablar largo que tiene el candidato.
Es obvio que Binner sigue siendo un problema para Alfonsín. «Parece que para algunos analistas es más importante salir cuarto o quinto, que segundo», dijo en referencia directa al santafesino. La cuestión no son los analistas, sino sus propios dirigentes, como los intendentes mendocinos que van a pelear ahora en urnas sus municipios, y ven que el socialista es menos conflictivo y salió mejor parado de las elecciones, que Alfonsín o Eduardo Duhalde, a pesar de su cuarto puesto.


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