Al ingresar a la sala, un mural de papeles cuadriculados flota sobre la pared. Sobre esa superficie impresa en blanco y negro se adivina la imagen difusa de un grupo familiar, las figuras aparecen pixeladas por la desmesurada ampliación. La pequeña foto original con su anticuado borde blanco y ondulado, muestra un niño, casi un bebé, escoltado por su madre y su padre. En la imagen Nonino derramó unas manchas de acuarela traslúcida que ocultan los rostros, el de su padre y el suyo. El relato es autobiográfico.
Mirar esos rostros a través de las manchas, demanda un esfuerzo equivalente al que exige arrastrar ese pasado hasta el presente. La curadora de la muestra, la rosarina Marcela Römer destaca el concepto de la exposición, habla de las ideas del artista y observa: "Cree que volviendo sobre sí mismo es como se vuelve a transitar el camino de regreso a casa".
La distancia en el tiempo se acentúa con la levedad del mural en la pared y con la proyección de un video invisible. El cuadrado blanco refulge sobre la pared sin imágenes, en el borde inferior de la pantalla luminosa sólo se leen los subtítulos. Se trata de preguntas, frases que delatan un plan para emprender la vuelta y que transmiten al espectador, con mayor fuerza que las imágenes, una penosa historia de encuentros y desencuentros. La obra es el vehículo para el viaje.
La acuarela que ocultaba los rostros en la muestra presentada en junio, fue suplantada en la exposición actual por el diseño digital de una roca. Este tercer capítulo cierra la narración: "El padre, en su ausencia, es un presente constante", concluye Römer. (Aguirre 1151)
| A.M.Q. |


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