Pensotti. Acaba de estrenar en el teatro Sarmiento “Arde brillante en los bosques de la noche”.
"Tardamos casi dos años en hacer esta obra. El armado, los ensayos, filmar la película que es parte de la historia, aprender a manejar marionetas, es un proceso complejo que ningún teatro puede solventar, entonces encontramos apoyo en los festivales internacionales, después apoyaron el Complejo Teatral Buenos Aires y el Cultural San Martín", dice Mariano Pensotti, quien junto al Grupo Marea estrenó en el Teatro Sarmiento "Arde brillante en los bosques de la noche", después de presentarse en Berlín y otros festivales extranjeros. El elenco está integrado por Susana Pampín, Laura López Moyano, Inés Efrón, Esteban Bigliardi, Patricio Aramburu y cuenta las historias de tres mujeres actuales cuyas experiencias están atravesadas por la Revolución rusa de maneras muy diferentes. Está narrada a través de tres formatos para cada una de sus partes (marionetas, teatro y cine). Dialogamos con Pensotti.
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Periodista: ¿Cuál es el tema de la obra?
Mariano Pensotti: Son varios. Primero los 100 años de la revolución rusa y algunas de sus implicaciones contemporáneas. Una de las inspiraciones es Alexandra Kollontai, revolucionaria y feminista soviética. Otro de los grandes temas es el cuerpo, por eso la obra está articulada en tres formatos distintos, la primera parte con marionetas, la segunda con actores en vivo y la tercera con una película. Me interesaba investigar la idea del cuerpo, quién controla a quién, el cuerpo de la mujer modelado por ciertos poderes. En cuanto a los soportes, primero son las marionetas que son réplicas exactas de los actores que las manejan. Después está el cuerpo de esos actores y en tercer término aparece el cuerpo magnificado por el formato cinematográfico.
P.: ¿Plantea una suerte de crítica al cuerpo de la mujer como objeto?
M.P.: La obra intenta ir un poco más allá y no sólo decir eso que todos sabemos, aquello del lugar de explotación más burdo. Abordamos las relaciones que se entablan entre los cuerpos, cuando hay vínculo político o económico desigual entre unos y otros. Por ejemplo la tercera historia es la película sobre una periodista de investigación que viaja con amigas a hacer turismo sexual a Misiones y se encuentra con descendientes de rusos que trabajan como strippers para las mujeres porteñas. Aquello del cuerpo-objeto se ve más en la historia de una profesora universitaria que enseña Revolución Rusa en la UBA pero cuya vida siente más convencional y burguesa de aquello que enseña. Además lidia con su hija que baila como corista en un programa y mantienen permanentes discusiones.
P.: ¿La obra unifica esas tres historias?
M.P.: Cada pequeña obra da sentido a la que sigue, y a su vez luego de la tercera, se vuelve a la segunda y se ve cómo quedó resignificada, y finalmente retornamos al origen. Es como una mamushka rusa, cada obra incluye a la que sigue, y la que sigue está incluida en la anterior. La novedad es el personaje protagónico femenino.
P.: Por qué se produjo en conjunto con Berlín, Bruselas, Lisboa y la colaboración del Cultural San Martín?
M.P.: Somos un grupo que trabaja de forma independiente pero a la vez la escala de nuestras obras no responde a estructuras del teatro off. Nos interesan las grandes escenografías y hacer más funciones que lo que permite el teatro independiente o el oficial, que habilita ensayos de dos meses. Así que apelamos al apoyo de festivales internacionales y se sumaron el CTBA y el Cultural San Martín.
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