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Penurias se agudizan en Cuba y asoma otro “período especial”
Escasea el aceite y se redujo un tercio la provisión de arvejas y porotos que cada familia va a buscar a los decadentes almacenes públicos. Además, se entregará la mitad de la sal habitual.
Los cubanos, cuyo salario promedio mensual es de 400 pesos (17 dólares), compran con «la libreta» una canasta básica (arroz, azúcar, aceite, huevos y otros) a precios bajísimos pero insuficiente. Lo demás se resuelve en el mercado negro o en las tiendas de altos precios en divisa internacional.
«¿Qué crisis internacional? En Cuba tenemos 50 años de estar en crisis. Estoy cansada de oír justificaciones a los problemas de siempre», dijo una odontóloga de 28 años.
El Gobierno de Raúl Castro ejecuta un programa de austeridad y ahorro, y sostiene que se busca evitar el deterioro de los programas sociales, sostener el empleo y garantizar que en Cuba «nadie muera de hambre».
Como parte de los ajustes, dispuso descentralizar el comercio agropecuario a partir del 1 de agosto para garantizar mayor acceso de la población a la comida, en un país que importa el 80% de la que consume y gastó 2.500 millones de dólares en 2008 en compra de alimentos.
Para Ana Orosco, una artesana que vende muñecas de trapo en el céntrico bulevar de Obispo y puede ganar hasta 30 dólares por jornada, está claro que «la crisis está tocando nuestras puertas».
«Aquí el que tiene un negocio saca dinero, pero el que vive de un salario (estatal) la tiene muy difícil», comentó Orosco, costurera de 60 años que comenzó a hacer sus muñecas forzada por la crisis de los 90.
Meta reducida
La crisis, reconocen las autoridades, redujo la meta de crecimiento de la isla del 6% al 2,5%, y afecta sectores clave de la economía como el turismo, el níquel y el tabaco. En lo inmediato, para los cubanos, el transporte volvió a «ponerse malo», pues se frenó un lento pero millonario proceso de recuperación iniciado en 2004.
«Mejoró muchísimo en un tiempo, pero ahora las guaguas están malas otra vez», dijo una joven que estudia en una escuela de deportes de Cojímar, al este de la capital, sin dar su identidad.
Pero no pierde la alegría, ni el optimismo. «Padrino, quítame la sal (mala suerte) de encima. Confiemos en que no vendrán los viejos tiempos difíciles», dice tarareando un reggaeton de moda.
Sudorosa detrás de la vidriera de un comercio de La Habana, Yakelín Rodríguez, de 44 años, se queja del plan de ahorro energético que también entró en vigor este mes.
En su trabajo, como en muchos otros, sólo se puede encender el aire acondicionado cuatro horas en las tardes. «No soy hipertensa, pero estoy al morirme con este calor», manifestó.
Bajo el lema «ahorro o muerte», el Gobierno lanzó una campaña contra el derroche y la improductividad, y pide colaboración a los cubanos pues la situación es difícil no sólo en Cuba sino en todo el mundo.
Agencia AFP

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