Peralta Ramos, el dandy de fines del siglo pasado

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• DEL INFINITO DEDICA UNA MUESTRA A UN HIJO DILECTO DEL INSTITUTO DI TELLA
Personaje único de la cultura porteña, se definía como “filósofo, poeta y artista”. Autor de los “mandamientos gánicos”, en los 90 alcanzó su mayor popularidad cuando saltó a la televisión en el programa de Tato Bores.

La galería Del Infinito presenta uno de los personajes más entrañables, ingeniosos y carismáticos que tuvo Buenos Aires. La exposición, dedicada a Federico Manuel Peralta Ramos (Mar del Plata, 1939-Buenos Aires, 1992) recrea, con un montaje teatral, el bar Florida Garden que frecuentaba el artista casi cotidianamente. La noche de la inauguración hubo una pegatina de carteles creados por Ale Giorgga por los lugares de Barrio Norte y Recoleta que caminaba Peralta Ramos. "FEDERICO MANUEL/ TE LEO Y/ me siento/ MENOS LOCO", se leía en los carteles.

El fuerte de la muestra son los manuscritos, algunos redactados sobre papel y otros pintados con una caligrafía inconfundible sobre bastidores de tela, con el estatus de verdaderas obras de arte.

¿Por qué dedicar el tiempo a pintar si con una frase se puede expresar lo mismo? Peralta Ramos advirtió después de su primera muestra que lo suyo no era la pintura sino el «arte», en un sentido enfático y abarcador. Desde entonces su obra se destacó por la integración al contexto social que lo rodeaba y, sobre todo, por su humor punzante mezclado con cierta inocencia. Sus dichos circulaban por todo en el mundillo artístico.

En la muestra aparece el artista en una gran pantalla, citándose a sí mismo, explicano qué cosa es el arte feliz cuando lo interrumpen los aplausos. "El arte es hacerse cargo del dolor y la alegría de una época. / El arte es dar vida metafísica a un mundo superfísico. / El arte es emerger de un viejo desorden y construir un nuevo orden. /El arte es hacer reír y pensar a la gente / El arte es tener talento para vivir una vida maravillosa".

Peralta Ramos participó del Premio Instituto Di Tella con un enorme huevo de yeso que terminó contrarreloj y que, acto seguido, entró en actividad y estalló literalmente ante los ojos de todos. La experiencia está documentada, al igual que los "Mandamientos gánicos" que, embobados, leían los artistas de las nuevas generaciones. Ernesto Ballesteros recuerda: "Lo vi con mis propios ojos. Vi cuando Federico, parado en Florida y Paraguay, entregaba a la gente un papel con sus 23 mandamientos. Recibí uno de él y lo atesoro". FMPR escribía sobre lo cotidiano y también sobre cuestiones que, con su estilo, remontaban la banalidad. "Dios es rarísimo", decía.

En los turbulentos años que van desde Frondizi a Menem, con su imaginación fecunda, fue artista plástico, conceptual y performático; cantor, filósofo, poeta, humorista y actor. Su posición dadaísta y conceptual radicaliza la del propio Duchamp. El arte se convierte en su propia vida y sale entonces en busca de la fama que tanto disfrutó. Las anécdotas son sus obras y, la del premio Guggenheim, cuando gasta el monto elevado del galardón en una comida en el Alvear, o la del toro que compró en un remate de La Rural y la de la venta del buzón, configuran una parte de su legado.

Vale la pena releer los textos para la revista "La Semana", donde cita sus lecturas, habla de las canciones de Poky Evans y las de Jorge De la Vega que él cantaba en África, cuenta sobre su participación en el programa de Tato Bores y las conversaciones con Borges. Luego de responder que "el libre albedrío es una ilusión necesaria", Borges le pregunta a qué se dedica. Peralta Ramos le responde "soy filósofo, poeta, artista", y luego, confiesa: "Borges me metió una tapa bárbara", me contestó: "Cómo me gustaría ser todas esas cosas".

Con su condición de talentoso ángel gordo de buena familia que vive la vida como se le antoja, Peralta Ramos es hoy un mito de su propia clase social que, de hecho, pobló el vernissage de Del Infinito. Seguro de sí mismo, sabía quién era. Se consideraba rebelde y provocador, pero de ninguna manera un revolucionario ("... soy un determinista... yo soy un Peralta Ramos y si bien algo he roto, esta es mi casa, esta es mi familia. Yo acepto mi destino"). Vivió siempre con sus padres, mimado por la sociedad que toleraba y aplaudía sus provocaciones.

Hoy ocupa un lugar en la lista de famosos dandys de la Argentina opulenta, ha ganado su trono entre aristócratas como el presidente Torcuato de Alvear y quienes con sus excentricidades descalificaban la pacatería reinante. En efecto, la intención de Peralta Ramos era ventilar la densa atmósfera cargada de prejuicios de la sociedad porteña: "Lo hice siempre en la Argentina, abrí las ventanas para que entre un poco de aire fresco".

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